Reforma política para salvar al modelo K

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En diciembre de 2001, el Argentinazo produjo un cambio histórico, que abrió una nueva etapa en el país. Entre otros cambios cualitativos, fue el punto culminante de un proceso que derrumbó el viejo régimen bipartidista que dominó por medio siglo, desarticulando a la UCR y abriendo una profunda crisis en el PJ, los dos partidos tradicionales que se alternaban en el poder. También evidenció la desconfianza masiva en las instituciones. El pueblo demandó cambios de fondo y cuestionó todo lo viejo: el gobierno, los partidos, el Congreso, la Justicia, las fuerzas de seguridad.
El proyecto kirchnerista se propuso recomponer tamaña crisis, fabricando una gran ilusión colectiva. Con un doble discurso seudo-progresista, se mostró como distribuidor de la riqueza, antiimperialista y falso embajador de los cambios que cruzaban Latinoamérica. Con rostro de nueva política y transversalidad, recompuso la confianza en la figura presidencial y cedió parcialmente a reclamos sociales. Tuvo una base estructural para hacerlo: una coyuntura económica internacional favorable y una reactivación en las finanzas domésticas.
Las elecciones del 28 certificaron el fin del proyecto kirchnerista. Fue la constatación de un declive acelerado que había empezado con el conflicto chacarero. De la mano del desbarranque del gobierno también se derrumba todo ese modelo político basado en un fuerte presidencialismo. Se terminó la ilusión colectiva, se agrava nuevamente la crisis del régimen político y entre las clases dominantes cunde la preocupación por vertebrar un recambio ante el escenario de una nueva crisis como la del 2001.
Todo el mapa político argentino se está reposicionando, con una preocupación adicional: de estas elecciones no emergió ninguna alternativa de recambio con claridad y por ello todos, más oficialistas o más opositores, apuestan a sostener la “gobernabilidad” hasta que aclare el panorama. A la vez están haciendo denodados esfuerzos por recomponer una alternancia, por tratar de volver a un régimen parecido al de antes del 2001, de un “país serio”. Más allá de la brutal crisis de las variantes peronistas, apuestan a recomponer las piezas del rompecabezas del PJ. Y por otra lado, a través del Acuerdo Cívico y Social o “panradicalismo”, tratan de poner en pie a la vieja UCR. Las elecciones, volvieron a ratificar un castigo a la vieja política, al fraude, el autoritarismo y la mentira.
Esta “reforma política” va en ese sentido. Por ello se habla de “fortalecer el sistema de partidos” y disminuir su cantidad. Y se están discutiendo cambios cosméticos para lograr recomponer frente a una sociedad cuestionadora de todo lo viejo. Por ello la discusión no es de ámbito ni de agenda. Nos quieren meter en una nueva trampa ya que, contrariamente a lo que sucede en varios países de Latinoamérica, en lugar de abrir el debate al pueblo tanto del modelo político como del económico, otra vez quieren resolver todo negociando entre los de arriba. Por ello debemos reclamar la convocatoria a una Asamblea Constituyente Libre y Soberana.

G.P.


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