Editorial – Crisis de la CGT

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Después de la fumata

En las últimas semanas se agudizó la crisis en la CGT, colocándola al borde de una nueva fractura. Aunque tuvo su cuota circense, la pelea que enfrentó a moyanistas con gordos e “independientes» y por supuesto a Barrio-nuevo, estuvo lejos de ser solamente una puesta en escena. El pato de la boda fue Moyano, cuestionado puntualmente por su manejo personalista, hegemonizar la conducción y acaparar el botín de las obras sociales. Pocos días antes, Moyano había amagado con sacar los camiones a la calle y los K no sólo repusieron en 48 hs a su testaferro Sola al frente de la APE (fondos de obras sociales). Lo premiaron con el hijo de Recalde al frente de Aerolíneas y le otorgaron otros 256 millones para la caja de la APE. Eso fue la gota que rebasó el vaso y estalló la crisis.

Esta nueva pelea tiene varias razones de fondo. Es reflejo de la derrota de los K y la descarada sumisión al gobierno con que orientó Moyano a la CGT. Y de la crisis del PJ y los distintos proyectos políticos, ya que Barrionuevo (que ya se separó antes y comanda la “Azul y Blanca”) y Venegas apoyaron a De Narváez. Y los Gordos y demás, que fueron llevados al acto donde Moyano llamó a votar a los K, salieron a facturar al otro mariscal de la derrota. Y es un secreto a voces, que jugaron a dos puntas en la elección. Justamente, en lo peor de la crisis burocrática propusieron a Venegas, confeso y público sostenedor del PJ disidente, como eventual reemplazante de Moyano.

También se vuelve a expresar que esta burocracia, refleja a distintos sectores empresariales, más que a los intereses de los trabajadores y se mueve según sus designios, mucho más en época de pujas por la crisis capitalista. El sector moyanista, aglutina los sectores del transporte (Camioneros, UTA, Fraternidad, taxistas) y refleja una gran parte de la patronal beneficiada con los subsidios estatales, estrechamente vinculada al modelo K y el fondo de las obras sociales. Esto ocurre en desmedro de la vieja burocracia de los gordos, ligada a las grandes empresas que no viven centralmente de subsidios, como las grandes automotrices, de la alimentación, la construcción, las privatizadas que pugnan por un aumento en las tarifas (Luz y Fuerza) o la salud privada (FATSA de W. Ocampo).

Pero la base de su crisis se halla en el creciente desprestigio que se han ganado ante la base obrera. Aunque controlen el aparato, la bronca y el descreimiento de amplios sectores de trabajadores y sobre todo el odio visceral de los luchadores, hacen que por ahora no logren remontar la crisis. Y donde más se lucha, se desborda, surgen alternativas y avanza el proceso de recambio sindical, con nuevos delegados y dirigentes.

El gobierno jugó un papel central en costurar un precario acuerdo. Los necesita unidos, como repitió una y otra vez el ministro Tomada, para que jueguen su papel traidor en el Consejo Económico y Social y de cara al soñado y necesitado Pacto Social. No los unió el amor, sino el espanto a la profundización de la crisis política y económica (y con ella sus prebendas y negocios), pero fundamentalmente el terror al creciente escenario de conflictividad social. Por ello, lejos de apelar a cualquier instancia de consulta a las bases, ni siquiera un ensayo de Congreso para resolver la crisis, miraron para arriba, todos -Moyano, los gordos y los demás- pidieron a los gritos al gobierno que resuelva sus diferencias.

Esta crisis actualiza dos grandes necesidades de los trabajadores, que son asimismo desafíos para los luchadores.
La urgencia salarial y de defensa de la fuente de trabajo, los conflictos en curso y los que vendrán, requieren organizar, apoyar y coordinar las luchas, por las demandas concretas y por medidas de emergencia, prohibición por ley de despidos y suspensiones, un aumento general de salarios y la reapertura de paritarias. Preparándolas desde abajo, impulsando y/o exigiendo asambleas y plenarios para organizar democráticamente la pelea y el pliego de reclamos. Pero también, sin la mínima confianza en ellos, exigiendo a estos dirigentes sindicales cegetistas (y también a los de la CTA) que rompan los acuerdos con el gobierno y las patronales que están tejiendo en los “Consejos” y convoquen a un plan de lucha nacional.

Pero hay otro desafío, que es barrer a esta burocracia de cada lugar, impulsando nuevos delegados, peleando las conducciones de las comisiones internas y los sindicatos en las luchas y en las elecciones gremiales con listas unitarias de oposición. Defendiendo a las direcciones combativas que recuperaron sectores y luchando por un nuevo modelo sindical donde la base decida y los sindicatos dejen de ser meras agencias del Ministerio de Trabajo al servicio de las patronales y los gobiernos de turno. En el camino de lograr una nueva dirección democrática y de lucha para el movimiento obrero.


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