Honduras

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¡Abajo el golpe!

El pueblo sigue movilizado contra el poder de facto. El plan Arias es una trampa del imperialismo. Tenemos que apoyar al pueblo hondureño en su lucha por restituir a Zelaya y convocar una Asamblea Constituyente.


Rubén Tzanoff

Aunque Manuel Zelaya es un empresario conserva
dor, tomó medidas populistas apoyado en la movilización y, en octubre de 2008, Honduras entró al ALBA. En ese marco fue ganando espacio el planteo de realizar una Asamblea Constituyente.
A esta medida se opusieron la mayoría del partido de Zelaya, la oposición en el Congreso, la Iglesia y la Suprema Corte, entre otros. Estos sectores impulsaron el golpe para evitar que a través del llamado a Constituyente Honduras se consolidara en el proyecto del ALBA, que si bien es limitado, es el más independiente de Obama y EE.UU. Los imperialistas están haciendo una prueba piloto, para definir cómo se van a mover en el continente para recuperar terreno.

Golpe cívico militar y repudio mundial

El 28 de junio los militares entraron en la residencia de Zelaya, lo secuestraron y lo dejaron en Costa Rica. La Corte Suprema de Justicia argumentó que la destitución fue en cumplimiento de una orden judicial. El militar encargado del operativo, Romeo Vásquez, dijo que quiénes le ordenaron hacerlo fueron civiles y que no actuó por su cuenta. Rápidamente el Congreso designó a Roberto Micheletti como presidente del país.
Desde que la noticia empezó a recorrer el mundo una oleada de repudio cayó sobre las autoridades de facto. Dijo Obama: “Zelaya sigue siendo el presidente”, la ONU y la OEA pidieron su restauración. El Banco Mundial y el BID congelaron sus préstamos. Los embajadores de los países integrantes del ALBA abandonaron Honduras y los de la Unión Europea hicieron lo propio. Venezuela dejó de enviar petróleo.
Mientras tanto, no dejaban de sucederse los enfrentamientos entre la población que rechaza el golpe y los militares, resultando varios manifestantes heridos por la represión en Tegucigalpa. Desde ese momento las movilizaciones se mantuvieron aún con estado de sitio y toque de queda.
Según Chávez, no cabe ninguna duda que el golpe lo dio el Departamento de Estado norteamericano, ya que los militares hondureños no darían ni un paso sin aprobación de la base yanqui en Honduras y el Comando Sur.
Según Castro, el golpe fue planificado por Washington, “por personajes inescrupulosos de la extrema derecha, que eran funcionarios de confianza de George W. Bush y habían sido promovidos por él, como el embajador de origen cubano Llorens y los acreditados en El Salvador, Guatemala y Nicaragua».

Regreso fallido e inicio de la mediación de Arias, títere de EE.UU.

Bajo estas circunstancias, Zelaya intentó regresar al país el 5 de julio, pero el ejército bloqueó la pista del aeropuerto de Tegucigalpa para evitar el aterrizaje del avión que lo llevaba. EE.UU. tampoco le permitió tocar tierra hondureña en la Base de Soto Cano, cuando sí permitió que de allí despegara el vuelo que secuestró al presidente.
El día del intento de regreso hubo importantes manifestaciones que arrojaron como saldo un muerto y varios heridos en enfren-tamientos entre el pueblo movilizado y las fuerzas de seguridad.
Frente a esta realidad dio a luz la política central del imperialismo: la negociación. El 7 de julio Oscar Arias, presidente de Costa Rica, premio Nóbel de la Paz, fue nombrado mediador, con el consentimiento de Micheletti y del propio Zelaya. Esta elección desplazó del centro de la escena a Insulza, titular de la OEA a quién el imperialismo acusa de ser amigo de los países del ALBA.
Arias es un viejo títere del imperialismo. Cuando Centroamérica estaba insurreccionada, fue el “pacificador” que firmó los acuerdos de Esquípulas con Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Honduras, bajo el paraguas del cual se desarmó a las guerrillas y se canalizó todo el proceso hacia las elecciones. Esquípulas se firmó entre 1986 y 1987, sobre la base de los acuerdos de Grupo Contadora de 1983 y 1985.

El fracaso del diálogo

El 9 de julio se produjo el primer acercamiento. Arias se reunió en Costa Rica con Zelaya y con Micheletti, por separado. El encuentro fue un fracaso, los golpistas no aceptaron el regreso de Zelaya al poder, lo acusan de traición a la patria, abuso de poder y corrupción.
Mientras se “negociaba”, el régimen de Micheletti siguió intentando afianzarse en el poder en base a la represión y el toque de queda durante el cual fueron detenidas casi 1500 personas, cometiéndose graves violaciones a los derechos humanos.
El 13 de julio el diálogo entró en un callejón sin salida. El 18 de julio los delegados de Zelaya y Micheletti se reunieron en Costa Rica, en la segunda ronda de negociaciones que también fracasó. Ante esto el presidente depuesto dio por terminado el diálogo y anunció su regreso al país en una Gran Marcha.
Los 7 puntos de Arias (ver recuadro) constituyen una trampa para que Zelaya vuelva al país maniatado y no convoque a Asamblea Constituyente, para dilatar los acontecimientos y que se vayan desgastando las movilizaciones, para dejar intacto el poder de los golpistas y amnistiarlos. Las grandes burguesías y EE.UU. tienen pánico a que se sigan convocando Constituyentes con movilizaciones de respaldo.

Augurios de guerra civil

El 22 de julio, Arias presentó sus últimas propuestas sin éxito, aunque insistió el camino de la negociación.
Frente al estancamiento del diálogo, Zelaya volvió a su política inicial de apelar a la población hondureña y, desde Guatemala, llamó a la insurrección. En ese momento todos comenzaron a hablar de la posibilidad de guerra civil. Dijo Arias “todo el mundo sabe que en ese país (por Honduras) hay más armas que hondureños”. Afirmó Chávez: “puede haber una guerra civil que se puede desparramar a América Central”
Una prueba de la oposición al golpe la refleja el Bloque Popular, integrado por unas 30 organizaciones hondureñas que impulsa las protestas con corte de rutas, toma de puentes, manifestaciones en Tegucigalpa, bloqueo de salidas hacia el norte y sur, etc. También las organizaciones sindicales que enfrentan a los golpistas con paro general.
El 23 de julio Zelaya viajó al norte de Nicaragua, para volver a Honduras. La Gran Marcha salió de Managua, llegó al paso Las Manos y pisó brevemente suelo hondureño. Los manifestantes no pudieron llegar masivamente hasta él ante el bloqueo impuesto por los militares que mataron a un manifestante.
Esta política de “retorno” fue categóricamente rechazada por Arias y por Hillary Clinton, que siguen apostando a la negociación. Ellos dijeron: “no es el camino para la reconciliación”; “fue temerario e imprudente”. Ahora Zelaya anuncia que acampa en algún lugar de la frontera, entre las montañas.
En estos días se dio a conocer un comunicado realizado por coroneles hondureños en el despacho de un senador demócrata en Washington, afirmando que “respaldan el proceso de negociación en el marco del Acuerdo de San José”. Aunque esto podría darle oxígeno al diálogo, el acuerdo todavía está en veremos.

Restitución de Zelaya y Asamblea Constituyente

Hay que apoyar al pueblo hondureño en lucha. Es necesaria la más amplia unidad de acción contra el golpe a nivel internacional, repudiando a los golpistas y por el regreso incondicional de Zelaya al poder, independientemente de su política de confianza en el imperialismo y su proyecto político que no compartimos. Rechazamos el plan Arias y planteamos: Fuera Yanquis de Honduras con sus bases. Nada de amnistía para los golpistas, hay que castigarlos.
Que se expulse a todos los funcionarios hondureños de la Argentina y que se retiren lo argentinos de ese país, ningún apoyo a los golpistas. América Latina tiene que poner sus recursos económicos, políticos y militares al servicio de esta lucha, llamando a una gran movilización y un plan continental hasta que caigan los golpistas.
Es la movilización del pueblo hondureño y latinoamericano la que puede derrotar a los golpistas. El pueblo hondureño se ve sometido a la represión y la violencia de las armas. El llamado a la huelga general, la movilización y la organización para la autodefensa puede derrotar a los golpistas. También es necesario retomar el apoyo al planteo de Asamblea Constituyente en Honduras, para reorganizar al país y sacarlo de la pobreza tomando medidas de fondo a favor de los trabajadores y el pueblo. En Argentina, tenemos que impulsar declaraciones de repudio de sindicatos, cuerpos de delegados, organizaciones, sociales políticas, estudiantiles y de DD.HH. y seguir movilizándonos.

¿En qué consiste el Plan Arias?

El llamado acuerdo de San José, consiste en 7 puntos:

1- Restitución de Zelaya en el poder.

2- Formación de un Gobierno de Unidad y Reconciliación Nacional, integrado por representantes de los principales partidos políticos.

3- Declaración de una amnistía general.

4- Renuncia de Zelaya a llamar Asamblea Nacional Constituyente.

5- Adelantamiento de las elecciones nacionales convocadas para el 29 de noviembre al 28 de octubre.

6- Traslado del comando de las fuerzas armadas al Tribunal Supremo Electoral para garantizar los comicios.

7- La creación de una Comisión de Verificación de los compromisos asumidos en este Acuerdo.

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