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¿Qué es ser trotskista hoy?

Las enseñanzas de Trotsky se forjaron hace muchos años. Más allá de las necesarias readecuaciones y cambios, hay postulados básicos y principios que mantienen absolutamente su vigencia.

Mientras exista el capitalismo en el mundo o en un país, no hay solución de fondo a los problemas de pobreza, hambre, trabajo, salud, educación, etc. La nueva y enorme crisis capitalista extendida a nivel mundial a partir del derrumbe en EE.UU. demuestra una vez más que el capitalismo sólo trae padecimientos para los más pobres y necesitados. Es falso que la explotación capitalista se puede humanizar. Nos oponemos a que la crisis causada por los explotadores y los usureros recaiga sobre la espalda de los de abajo. Ser trotskista es pelear junto a los trabajadores y los pueblos para derrotar al capitalismo.

• Queremos reemplazar al capitalismo por un nuevo sistema, una sociedad sin explotadores ni explotados, una sociedad socialista. En el Este europeo y los países donde se había llegado a expropiar a la burguesía, la burocracia estalinista terminó liquidando las conquistas y ensuciando las banderas del socialismo. El imperialismo lo utilizó al servicio de una pérfida campaña de que “el socialismo fracasó”. Hoy el fracaso del capitalismo reactualiza el debate de cuál es el modelo de sociedad y abre un nuevo espacio para plantear la necesidad del socialismo. Que debe ser distinto a la caricatura stalinista; a ese gran mal que es la burocracia que se encaramó en el Estado de aquellos países mal llamados socialistas. Y que fue sembrado también en el movimiento obrero mundial, en los métodos totalitarios en las organizaciones obreras, sindicatos y partidos que se reclaman de la clase obrera y que han sido corrompidos por la burocracia. Un gran acierto de Trotsky fue ver y combatir esta degeneración. Nosotros peleamos por un Socialismo del Siglo XXI, sin patrones ni burócratas privilegiados, con plenas libertades democráticas. Queremos una Argentina Socialista, para atacar los problemas de fondo que vienen causando los partidos patronales como el PJ y la UCR, aliados del imperialismo. Ser trotskista es pelear por la revolución socialista.

• Para ganar los conflictos, es vital la democracia en los sindicatos. Que la base decida en asambleas es de vida o muerte para la organización, la unidad en la lucha y para que surjan nuevos dirigentes combativos. Es la única forma de pasarle por encima a la burocracia de la CGT y a la que mostrándose distinta, como la cúpula de la CTA, utiliza los mismos métodos. Hay que terminar con todos los dirigentes vendidos que intentan enchalecar los reclamos y movilizaciones por salarios, contra las suspensiones y despidos y otras reivindicaciones. Ser trotskista es pelear por la democracia obrera.

• Un grupo de grandes pulpos transnacionales domina casi toda la economía mundial. A este fenómeno económico-social hay que responderle con una organización y una política internacionales. Esto no se puede solucionar desde un solo país. Por este camino hay que apoyar las luchas de los pueblos contra el imperialismo y sus gobiernos. Hoy se dan en Honduras, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Irak, Afganistán y muchos otros. También es necesario retomar la tradición socialista de impulsar una organización internacional. Desde el MST luchamos por un partido mundial democráticamente centralizado, que promueva el desarrollo de partidos revolucionarios en los diferentes países. Con ese objetivo y en ese camino, impulsamos el reagrupa-miento de los revolucionarios con los compañeros de Marea Socialista de Venezuela, el NPA de Francia, el PSOL de Brasil y otras organizaciones que ven la necesidad de estrechar vínculos internacionales. Ser trotskista es asumir plenamente la tarea de construir una organización internacional.

• Es imprescindible apelar a todo tipo de tácticas, pero los trotskistas sólo tenemos dos grandes estrategias: impulsar la movilización permanente de las masas hacia la toma del poder y construir el partido revolucionario. La primera estrategia es la movilización de las masas hasta la toma del poder. En función de ella están todas las tácticas posibles, desde la lucha sindical, la intervención en los procesos políticos y la actividad electoral y parlamentaria, entre otras. Nuestro objetivo final es la toma del poder por parte de los trabajadores con sus sectores aliados, para expropiar a la burguesía y avanzar hacia una sociedad socialista. Lo fundamental es impulsar y apoyar todas las luchas obreras y populares para que los conflictos se ganen, para que en ellos los que se movilizan hagan una experiencia con los dirigentes traidores y puedan avanzar, planteando propuestas transicionales que permitan que la lucha avance. Ser trotskista es impulsar la movilización permanente de las masas.

• La historia demuestra que para hacer la revolución socialista tiene que existir un partido organizado y con influencia de masas. De esta enseñanza se desprende nuestra segunda estrategia: la construcción del partido. Viendo los desastres provocados por los partidos verticalistas de cuño stalinista, hay quienes opinan que los partidos leninistas no van más, intentando reemplazarlos por organizaciones horizontales o de otro tipo, que a la postre terminan siendo profundamente antidemocráticas. Lo mismo sucede con los que se nuclean en torno al personalismo de una figura reconocida por encima de una proyecto político colectivo. Nosotros impulsamos la construcción de un partido con un régimen interno realmente centralista democrático, donde haya la más absoluta libertad para discutir todo y la política votada se aplique como un solo puño. Planteamos esa construcción en base a un programa socialista revolucionario al servicio de las necesidades de los trabajadores y los sectores explotados de la sociedad. Proponemos un proyecto de partido alejado tanto del sectarismo como del oportunismo. El sectarismo de hacer un partido de supuestos “pocos pero buenos” sólo lleva a consolidar organizaciones pequeñas y testimoniales alejadas de los fenómenos reales de los trabajadores y el pueblo. Ser trotskistas es buscar la unidad para luchar y construir una fuerte organización de masas, de cara a los miles y miles de honestos luchadores, más allá de la tradición de la cual provengan, dispuestos a romper con los viejos partidos burgueses y avanzar. También combatimos el oportunismo de ceder ante distintas variantes patronales o de centroizquierda, abandonando las propuestas de fondo y socialistas. Hay que hacer hasta lo imposible por organizar el partido revolucionario en los colegios, las fábricas, las universidades y los barrios, con más y más compañeros nuevos. Ser trotskista es construir un partido de trabajadores y jóvenes, socialista revolucionario, centralista democrático e internacionalista.
Estas convicciones son las que nos llevan a plantearte que des un paso al frente y entres al MST-Nueva Izquierda, para ser parte viva de la construcción colectiva de este proyecto.

Rubén Tzanoff


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