Macri y «El Fino» Palacios

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Una policía nueva para reprimir como la vieja

Mauricio Macri designó como jefe de la Policía Metropolitana al comisario retirado de la Policía Federal, Jorge “El Fino” Palacios, que tiene antecedentes penales vinculados al atentado contra la AMIA y al delito económicamente organizado.


Marcelo Parrilli

No bien se conoció su designación, organizaciones de derechos humanos y de familiares de víctimas de la AMIA así como legisladores porteños cuestionaron la elección y exigieron al Jefe de Gobierno que dejara sin efecto el nombramiento.
Nuestra compañera Patricia Walsh fue una de las principales voces opositoras en el ámbito de la Legislatura oponiéndose a la designación e impulsando la campaña de junta de firmas para que Palacios sea removido.

¿Qué policía quiere Macri?

Con la designación de Palacios, más allá de la torpeza política que implica, Mauricio Macri pretende imponer un “policía de mano dura” para tratar de asegurar la represión de los sectores populares y de aquellos que cuestionen su política o el modelo que quiere aplicar.
En el terreno estrictamente social, es una policía destinada a “limpiar” el espacio público expulsando a indigentes y sin techo a la provincia. Para eso se nombra a una persona de “confianza”, que formó parte de la guardia pretoriana de Macri en Boca.
Se trata además de contar con alguien que mantenga aceitados contactos con la cúpula de la PFA. con la que compartirán la tarea de represión y con la que seguramente acordarán una suerte de división del trabajo en donde la Metropolitana se centrará en los conflictos sociales y sectoriales y la expulsión de indigentes.
Es que reprimir y expulsar a los indigentes les es más barato que darles albergue, cuidado y, obviamente, salidas laborales y educativas. Esto no es nuevo y se viene practicando en las grandes ciudades a las que Macri tiene como modelo.
En Nueva York, el alcalde Michael Bloomberg impulsa un programa para otorgar a los indigentes pasajes gratis de avión a cualquier parte del mundo, con tal de que no vuelvan más a la ciudad. Para algunos la idea es «genial», porque supuestamente el plan ahorra el dinero que la ciudad gasta para mantener los refugios para los desamparados. Para otros está mal porque, según ellos, tiene que haber una mejor manera de ayudar a los «sin techo» en lugar de sacarlos de la ciudad, lo que técnicamente es una deportación voluntaria.
Si una persona está sin hogar y no tiene cómo sostenerse para vivir en Nueva York, la ciudad le entrega en cuestión de horas un pasaje de avión, tren o colectivo de ida solamente. Estos boletos gratis son parte de un programa de 500.000 dólares anuales del gobierno neoyorquino para mantener a los desamparados fuera del sistema del refugio, el cual cuesta 36.000 dólares al año por familia, de acuerdo al New York Times. Pero el ahorro de «echar» a una familia desempleada es mucho mayor porque si éstas tienen hijos la ciudad también «ahorrará» en gastos de educación de menores, así como en la asistencia de la salud.
En Buenos Aires, Macri, con su “Unidad de Control del Espacio Público” (UCEP) hasta ahora, y con su Policía Metropolitana a partir de octubre, pretende hacerlo mucho más barato. Para él, se trata simplemente se arrojar a los sin techo al otro lado de la General Paz.

Se necesitan planes serios de inclusión social

La marginalidad y la pobreza se combaten con planes de inclusión social basados en el pleno empleo, salarios dignos, salud y educación para todos, para lo cual es decisiva la intervención del Estado, sea este nacional o de la Ciudad de Buenos Aires. Para ello, es necesario un gobierno de signo totalmente opuesto al de Macri. También para combatir la llamada “inseguridad” y el delito es necesario terminar con la pobreza y la exclusión social, precisamente a partir de desarrollar una política y un modelo económico al servicio de los trabajadores, el pueblo y los sectores económicamente más desprotegidos. La represión penal no aporta ninguna solución frente al delito.
La experiencia histórica mundial demuestra que frente al delito solamente tienen efecto las soluciones de fondo como las arriba propuestas y, en lo inmediato y cotidiano, la prevención y la erradicación de la corrupción en el aparato policial y político.
Mauricio Macri eligió, como era de esperar, el otro camino: el de la represión dirigida al más alto nivel por un corrupto y represor, para tratar de controlar socialmente al pueblo de la Ciudad de Buenos Aires.
La primera batalla pasa, entonces, por remover a «El Fino» Palacios y exigir que el cargo de Jefe Policial porteño esté en manos de un civil sin trayectoria en las fuerzas armadas y/o de seguridad, que sea designado a propuesta de las organizaciones de derechos humanos.


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