Otro verso K

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Plan de Cristina contra la pobreza


Gerardo Uceda

El documento sobre el escándalo que significa la pobreza en la Argentina, emitido por la iglesia y suscripto por el Papa, hizoreaccionar al gobierno. Primero Cristina y sus funcionarios intentaron negar el flagelo, la presidenta salió por cadena nacional a anunciar su Plan de Ingreso Social con Trabajo. Este plan en sí no constituye ninguna medida de fondo para salir de la pobreza que afecta a millones de personas. ¿Qué medidas eficaces se pueden tomar para salir de la inequidad que, según la presidenta, es el principal problema del país? ¿Hay plata para hacerlo?
El documento emitido por la iglesia, firmado por el cardenal Bergoglio y refrendado por el Papa sobre el escándalo que significa el incremento de la pobreza, la miseria y el hambre en un país como el nuestro, capaz de producir alimentos para 10 poblaciones de Argentina, destapó la olla. Pareciera que Cristina no recordaba, gracias a su INDEK, que en el país hay 14 millones de pobres y 6 millones de indigentes.
Al principio negaron la realidad y se quejaron por las manifestaciones de la iglesia. Luego el propio Néstor tuvo que reconocer que la pobreza es una vergüenza y unos pocos días después la presidenta salió en televisión, en cadena nacional, a dar un discurso anunciando un plan contra la pobreza que ha dado en llamar Plan de Ingreso Social con Trabajo. Más allá de los discursos, el plan implica el mismo efecto que puede tener una aspirina para combatir un cáncer.

Las causas estructurales de la pobreza en la Argentina

A los trabajadores y el pueblo no nos hace falta un informe de la iglesia para saber de la pobreza, la indigencia y marginación social, la vivimos todos los días cuando vemos más comedores comunitarios, más despidos, más cesanteados, etc.
Las causas de esta pobreza que afecta a casi la mitad de la población hay que buscarlas en el sistema capitalista que nos explota desde siempre y que, con diferentes “modelos” vienen aplicando gobierno tras gobierno, incluyendo a de los Kirchner.
Es de un enorme cinismo que la presidenta diga que no es importante contar los pobres y que lo fundamental no es la pobreza sino la inequidad social y que a continuación diga que la Argentina es uno de los países más equitativos. ¿Dónde vive Cristina?
¿Acaso entiende por equidad que la diferencia entre lo que ganan los más ricos y los más pobres sea superior a 17 veces? ¿O pretende decirnos que es justo que haya (según su propio INDEK trucho) casi 4 millones de personas entre desocupados y subocupados? ¿O que a pesar de 6 años de crecimiento de la economía del país y sus encendidos discursos sobre la redistribución del ingreso, los pobres hayan aumentado en vez de disminuir?
Lo que sucede es consecuencia de este sistema explotador que mencionamos. Durante los años de las “vacas gordas” en los que ellos dicen que crece la economía, lo único que crece son las ganancias de los grandes capitalistas, mientras que los salarios de los trabajadores permanecen muy por debajo del nivel de vida y, a lo sumo, suele aumentar el nivel de empleo, como se vio durante los primeros años del gobierno de Kirchner. Pero cuando sobreviene una de las tantas crisis económicas cíclicas como la que ahora estamos atravesando, los mismos grandes pulpos que acumularon fortunas en el ciclo anterior, descargan brutalmente el peso de la crisis sobre los sectores más desprotegidos, con rebajas salariales, suspensiones, despidos, etc. con el único fin de sobrevivir sólo ellos a la crisis. Hasta aquí nada nuevo. Pero veamos algunos ejemplos de lo que ha sucedido bajo el gobierno de los Kirchner para entender dónde estamos y hacia dónde vamos.
Cuando luego de la tremenda crisis del 2001-2002 Néstor asumió el gobierno, el trabajo sucio ya estaba hecho por Duhalde: consistió en rebajar el salario real de los trabajadores al 30% vía la devaluación del peso, que concomitantemente le permitió a todo un sector de la gran burguesía empezar a exportar en condiciones más que favorables, porque los precios de las materias primas que exportamos habían subido en dólares a nivel mundial, pero fundamentalmente porque ellos cobraban en dólares y a nosotros nos pagaban en pesos.
Y no sólo los salarios pagaban en pesos sino también la luz, el gas, etc., es decir, un negocio redondo, ya que Kirchner les subsidiaba la energía con dinero del pueblo para que ellos hicieran fabulosas ganancias.
Durante años, ni hablaban de la redistribución de la riqueza, se escudaban en que iba aumentando el nivel de empleo y nos decían que teníamos que conformarnos con eso. Pero la realidad indica que durante los años que gobernó Néstor, los capitalistas argentinos ganaron más que nunca producto de la devaluación que citamos y, a los que no ganaban tanto, como las empresas privatizadas de servicio, el gobierno los subsidiaba con cifras millonarias para asegurarles la ganancia.

¿A dónde fue a parar el crecimiento económico?

Lo que los Kirchner no pueden explicar es cómo hicieron para que se produzca el “milagro” de que la economía del país creciera durante 5-6 años, a razón del 8% anual, diciendo que se estaba redistribuyen-do la plata y en verdad hay cada vez más pobres.
Nosotros sí podemos explicarlo. La gran mayoría del crecimiento lo acumularon las empresas nacionales y multinacionales que operan en el país que registraron ganancias fabulosas durante estos años.
En segundo lugar, lo gastó en subsidios a las ramas que no daban tanta ganancia vía los subsidios al transporte, a las privatizadas, etc.; como dice Llach (un periodista burgués de La Nación) “El Tesoro Nacional otorgó subsidios al sector privado por 41.800 millones de dólares y exenciones impositivas por otros 26.800, totalizando la friolera de 68.600 millones de dólares”. Es decir que mientras a los trabajadores les otorgaban aumentos a cuentagotas luego de agotadoras luchas y que apenas alcanzaban para recuperar los niveles de ingreso previos al 2001, a los capitalistas les otorgaron una fortuna. “Esta cifra supera los 64.800 millones que el gobierno nacional invirtió en el mismo período en la suma de sectores tan relevantes como educación, cultura, ciencia y técnica, salud, agua potable y saneamiento, vivienda y desarrollo urbano, y en las transferencias directas a personas realizadas bajo los programas de promoción y asistencia social (el plan jefas y jefes de hogar, entre otros), el seguro de desempleo y los salarios familiares” y es “2,7 veces lo gastado en obra pública”.
En tercer lugar, hay que destacar que el gobierno de los Kirchner ha sido el que más plata pagó en efectivo de la deuda externa, otros miles de millones que se destinaron a los grandes capitalistas y buitres internacionales en vez de atender las necesidades del pueblo.

El «ingreso social» de Cristina: una aspirina para el cáncer

Ahora Cristina quiere convencernos que esta nueva venta de espejitos de colores va a solucionar el problema de la pobreza en el país. El plan consiste en volcar al conurbano bonaerense (donde quiere seguir teniendo la influencia política que perdiera en las elecciones pasadas) la suma de 9.000 millones de pesos en etapas, en realidad al principio pondrían algo así como 1.500 millones (menos de 400 millones de dólares) para crear 100.000 puestos de trabajo monotributista (es decir sin relación de dependencia, jubilación, obra social ni nada) y todo manejado por los intendentes del Gran Buenos Aires. Es de locos. ¿No sabe la presidenta que desde el comienzo de la crisis ya se perdieron 400.000 puestos de trabajo formal? Entonces, en el mejor de los casos luego de varios años de aplicación, apenas se recuperaría el 25% de los puestos de trabajo ya perdidos desde el inicio de la crisis mundial de la que Cristina nos aseguró que “estábamos blindados”. Parece una broma macabra y un verdadero insulto para salir de la pobreza.

¿Qué medidas necesitamos para salir de la pobreza?

En primer lugar, hay que otorgar un aumento generalizado de salarios acorde al costo de la vida, y lo mismo para las jubilaciones, pensiones y planes sociales.
Junto con eso, hay que eliminar el IVA a los productos de consumo popular con lo que los precios deberían bajar el 20% promedio y de la mano de esto cambiar el sistema tributario nacional, imponiendo impuestos progresivos a las grandes ganancias y fortunas. Anular en forma definitiva los tarifazos que pretenden aplicar a los servicios y dejar de subsidiar a las empresas, y para asegurar los servicios hay que renacionalizar sin indemnización a todas ellas y ponerlas a funcionar bajo control de sus trabajadores y usuarios.
Asimismo, es necesario nacionalizar la banca y el comercio exterior y evitar la fuga de capitales que desde que empezó la crisis ya supera los 30.000 millones de dólares fugados. Suspender de plano los pagos de la fraudulenta deuda externa que este año consumirá más de 14.000 millones de dólares.
Como vemos, con estos recursos sobraría el dinero para generar trabajo, aumentar salarios y jubilaciones, duplicar los presupuestos de salud y educación, entre otras cosas. Nada de esto va a suceder con las migajas del Plan de Ingreso Social de Cristina y su marido.


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