Kirchner, Reutemann, Scioli, Solá, De Narváez, Moyano…

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El PJ y sus variantes no van más

Cascarón vacío, terremoto, movimiento feudalizado, vieja política, falta de liderazgo, crisis de representatividad… Así definen al peronismo quienes se disputan su conducción: Kirchner, Reutemann, Scioli, Duhalde y los que se habrían “ido”, como Solá o De Narváez.
Esas peleas expresan distintas alas de la patronal y el imperialismo que esos dirigentes buscan favorecer desde el gobierno, aunque todos coinciden en hacerle pagar al pueblo la fiesta capitalista.
Ese antagonismo entre la dirigencia y las necesidades de la base popular es la causa de la crisis tremenda en la que está el PJ. Y explica las peleas de la burocracia sindical entre el moyanismo, los gordos, “independientes” y la CGT de Barrionuevo; además de los dirigentes K de la CTA.
El PJ gobierna para los de arriba. Verticalista por historia, está sin conducción y fracturado. Kirchner es “conducción”, pero solamente de una parte y gracias a que maneja la caja. Más allá de la retórica “nacional y popular” K, el PJ hoy carece de debate ideológico.
Hay bronca en los barrios cuando no alcanza para comer o falta el trabajo. En las fábricas, por los bajos salarios y despidos. O en las provincias, por el ajuste. Eso genera luchas y ahí la bronca se vuelve experiencia. Muchos luchadores le dan la espalda al PJ y los viejos partidos. Están dispuestos a buscar una alternativa porque ven que toda lucha o postura gremial lleva detrás algún proyecto político.
Debido a esa ruptura por abajo, el PJ vive una situación inédita. Cada vez más divididos, en la elección de junio Néstor Kirchner fue duramente derrotado en el bastión histórico del peronismo -la provincia de Buenos Aires- y en Córdoba, Entre Ríos, Santa Fe y otros distritos.

Años y años gobernando con ajuste

Aquel viejo partido que levantaba las banderas de soberanía política, justicia social e independencia económica las dejó atrás hace ya muchos años. Bajo la ilusión de conciliar el capital y el trabajo, pasó a ser un pilar del régimen capitalista y dependiente, al servicio de las clases dominantes y del imperialismo. Por eso fracasaron otros proyectos de “renovación” como los de Cafiero, Menem y De la Sota. Se “renuevan” dirigentes, pero gobiernan siempre para el gran capital.
El segundo mandato de Menem, después de las privatizaciones, la corrupción, la flexibilización laboral y todas las medidas neoliberales (que los K acompañaron) terminó con una fuerte ruptura de la base obrera y popular. En este país, “los 90” son mala palabra para cualquiera.
El kirchnerismo, conciente que el PJ había perdido esa relación de “conductor” de los trabajadores, incluso en las barriadas humildes del conurbano bonaerense, buscó hacerse de una base social. Pero duró poco. En los sindicatos, la burocracia es repudiada. Las unidades básicas se vaciaron. El PJ se sostiene solamente en base a punteros y a la compra de “militancia”, con micros cada vez más vacíos. A nivel de gobierno, lo que funciona es el cliente-lismo y la cooptación.
Kirchner intentó variantes para lograr una fuerza que le permita gobernar. Ensayó ser una fuerza de centroizquierda, y alternar con otra de centroderecha. También inventó la “transversalidad” con Binner, Juez, Ibarra y D’Elía. Luego, la “concertación plural”, cooptando a Cobos y otros radicales K. Sumó a alguna izquierda y centroizquierda oportunista, como Libres del Sur, el PC o el ala Yasky de la CTA. Nada de esto evitó la debacle que sufrieron el 28 de junio.

Con los K y la burocracia, cada vez peor

Al principio, Kirchner logró ciertas expectativas en sectores obreros y populares gracias al “viento de cola” de la economía internacional y también a su habilidad para el doble discurso. Pero los trabajadores van comprobando que el PJ en el gobierno no resuelve los problemas estructurales del pueblo argentino. Vuelven demandas por salarios, jubilaciones y planes sociales, trabajo, educación, vivienda o salud vuelven y se agudizan con la crisis mundial.
Para sostenerse y no caer en una debilidad como la del Argentinazo del 2001, Cristina y Néstor se vuelven a apoyar en el PJ y en la CGT. Pero su discurso “progresista” cada vez convence menos. La realidad y la lucha constante del pueblo están agotando aquellas expectativas. Y la burocracia sindical tiene cada día menos margen para plantearle a sus bases que la alternativa son el PJ y .los Kirchner. ¿Quién mete los tarifazos? ¿Quién miente con el INDEC? Como se ve en cada conflicto, mientras por la tele hablan de “cuidar el trabajo”, el gobierno del PJ, sus funcionarios, sus diputados y sus burócratas gremiales se ubican del lado patronal, como lo demuestran Terrabusi y tantas otras luchas.
Un vistazo a los líderes del peronismo confirma que hay que irse de ese aparato corrupto, dividido y patronal. Kirchner, con sus 24.000 pesos de jubilación y acumulando fortuna junto a Cristina. Reutemann, con su candidatura metida ahí; Scioli, con la Provincia hundida y funcionarios chorros; Duhalde, operando como un capomafia detrás de escena; De Narváez, millonario y derechista. No va más. Hacemos un llamado fraternal a los compañeros y compañeras a darle definitivamente la espalda al PJ y a todos los viejos partidos, y a venir con el MST.

Franco Guzi


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