Nuestras propuestas para cambiar

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El Nº 5 de los llamados “21 puntos” de la Coalición por una Radiodifusión Democrática dice: “La promoción de la diversidad y el pluralismo debe ser el objetivo primordial… El Estado tiene el derecho y el deber de ejercer su rol soberano que garanticen la diversidad cultural y pluralismo comunicacional. Eso implica igualdad de género e igualdad de oportunidades para el acceso y participación de todos los sectores de la sociedad a la titularidad y gestión de los servicios de radiodifusión.”
En lo esencial, compartimos ese criterio. Y creemos que la única forma de que efectivamente haya diversidad cultural, pluralismo comunicacional e igualdad de oportunidades para el acceso de todos es terminar con el poder monopólico de las grandes empresas, nacionalizarlas preservando los puestos de trabajo y distribuir democráticamente las frecuencias a las organizaciones de la sociedad. Porque si las frecuencias son propiedad de la comunidad, a esas manos deben volver.
El Estado tendrá su propio canal y radio, que por supuesto deberían ser oficiales y no oficialistas. Fuera de eso su único rol será el de nacionalizar los grandes grupos, no para administrar él las frecuencias sino para transferirlas a todos los medios comunitarios, populares y alternativos, y a todas aquellas organizaciones sociales (artísticas, culturales, científicas, deportivas, barriales, cooperativas, etc.), así como gremiales, estudiantiles y políticas que lo soliciten. Sólo si tras esta amplia adjudicación sobraran frecuencias se le podría autorizar al sector privado un acceso limitado.
Para que haya garantías democráticas y evitar cualquier tipo de favoritismo, la distribución de frecuencias y toda la gestión se deben llevar adelante colectivamente con la participación de las propias organizaciones y bajo el control directo de los trabajadores de los medios y la cultura. El Estado, asimismo, deberá colaborar con subsidios y créditos baratos para incentivar el desarrollo de medios independientes y el paso a la digitalización. ¡Con estas medidas sí que habría una auténtica libertad de expresión!
En resumen, no queremos seguir en la sartén ni tampoco caer en el fuego. La opción “ley de la dictadura o proyecto K” es falsa, ya que en ambos casos los monopolios privados seguirán dominando los medios. Convocamos a trabajar por una verdadera democratización, para que el conjunto de las organizaciones sociales -con toda su pluralidad y diversidad- pueda acceder a las frecuencias de radio, tele abierta y por cable, y también a los medios gráficos. Ésa es la única salida de fondo para que la libertad de expresión sea concreta, haya espacio para todas las corrientes de pensamiento y podamos escuchar “las voces de todos y de todas”.


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