¿Resurrección K?

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Espejitos de colores

La aprobación en Diputados de la ley de medios reforzó la campaña oficialista y opositora sobre una supuesta recomposición del poder K.
La “oposición” política -pejotista disidente y radical en todas sus fracciones- se pone en víctima y coincide con el Grupo Clarín y otros multimedios que hablan de un supuesto cierre de persianas. Quieren crear un clima de virtual extinción de una supuesta libertad de expresión, cuando se sabe que las líneas editoriales de la prensa en este sistema capitalista dependen sólo de la voluntad de los propietarios de los medios y, desde ya, del gobierno de turno. Hasta Macri dice que “se viene el fascismo” (sic). En esencia, esto tampoco se va a modificar con la nueva ley.

Al gobierno K, este clima por derecha le viene fenómeno para fabricar la ilusión de una reconstrucción. Retoman así algo de su antiguo doble discurso progresista, algunas iniciativas y muestran una fachada de salud recuperada después de la dura derrota electoral. En realidad son los K los que más impulsan la campaña de que están reconstruyendo un polo de poder, buscando recapturar algo de base social, estabilizar la gobernabilidad y soñando con llegar sin sobresaltos al 2011.

Para esta misión cuentan con los oficios de una oposición que es parte del régimen capitalista. Consciente de que sus proyectos de recambio van de mal en peor, por ahora la derecha no tiene otra que prestarle una muleta al alicaído gobierno K. El pánico a un nuevo Argentinazo y la necesidad de ganar tiempo en pos de montar una alternativa sustentable los termina llevando a apuntalar al matrimonio.
También tienen otra muleta: los ahora llamados neokirchneristas. El PS, a costa de terminar de liquidar el Acuerdo Cívico, les ha dado los votos. Y la centroizquierda en todas sus vertientes, mostrando su esencia funcional, terminó alabando la política de los K. Ya lo habían hecho con las nacionalizaciones truchas de Aerolíneas, las AFJP y los superpoderes. Cuando las papas queman, son un salvataje del kirchnerismo y terminan embelleciendo su doble discurso.

Pero la realidad es otra. El “fortalecimiento” de los Kirchner no tiene raíces firmes entre el pueblo trabajador. Sus nuevos espejitos de colores ya no convencen tanto a las grandes mayorías, hartas de mentiras y de pagar el costo de la crisis.
Un sondeo reciente lo verifica: “Dos de cada tres que tienen opinión están en contra de la ley de medios y sólo uno a favor. La razón es muy simple: hoy sólo uno de cada de cuatro tiene imagen positiva de Kirchner, y al percibir que éste impulsa el proyecto, se opone sólo por esta razón” (Nueva Mayoría, 17/9)
Pueden confundir a algún desprevenido o generar algunos debates en ciertos ámbitos del activo político y social. Pero los K siguen en la lona en la calle, donde crecen la bronca y las luchas.

Los límites de este revival del estilo K chocan con la dureza de la crisis económica, un modelo fracasado y medidas antipopulares disfrazadas con algún condimento populista. Pueden mentir desde su INDEK que la pobreza bajó al 14%, pero la realidad marca que afecta de un 36 a un 39% de la población. Pueden mentir que la canasta básica subió sólo un 2,5% en el semestre, pero la sequía en los bolsillos populares señala que aumentó entre un 8 y un 10%. Pueden inventar que los salarios reales crecieron un 14% y que la crisis se desacelera, pero la recesión golpea con más desempleo y crecen los conflictos en provincias con finanzas al rojo. La fábula termina en los discursos en cadena nacional, pero la realidad, única verdad, viene con el nuevo tarifazo y la vuelta al FMI.

No hay que confundir gordura con hinchazón. Los K están obligados a acentuar sus rasgos autoritarios y a pedir una ayudita económica de sus amigos para tratar de cumplir su rol de pilotos de tormenta en una transición de perspectiva muy conflictiva. No hay espacio para una real recomposición de su proyecto fracasado. Tampoco sirven los proyectos que intentan reciclar viejas experiencias fracasadas.
Poner en pie una nueva alternativa de izquierda anticapitalista que postule un nuevo modelo socialista de país, como venimos bregando desde el MST, es junto a impulsar las luchas una tarea vital para el futuro de los trabajadores y sectores populares.
El politólogo Rouvier, en su informe del mes de septiembre, alerta: “El campo de la derrota de los Kirchner no es sólo el bolsillo de la gente, sino sobre todo la cabeza de la ciudadanía”. Dicho en criollo, los espejitos de colores ya no brillan como antes.

Guillermo Pacagnini


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