Gases, balas de goma, perros, caballos

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Los «derechos humanos» de los Kirchner y Kraft

El viernes 25 la TV mostró a todo el país el verdadero rostro de la patronal multinacional yanqui,
unida al gobierno nacional de Cristina y al provincial de Scioli. Estos son los “derechos humanos” que ellos defienden.

Desde la madrugada del viernes 25, empezaron a ingresar a la fábrica más de 70 efectivos de la policía montada, la división perros, 20 micros con infantería y los grupos especiales de represión, mientras la Gendarmería nacional se desplegaba por la Panamericana. En forma sincronizada con este enorme operativo, la empresa comunicaba a los trabajadores del turno noche, que como todos los días anteriores, mantenían el paro total en sus lugares de trabajo, que daba “asueto” hasta el lunes 28 y que debían comenzar a irse de la fábrica. Al mismo tiempo, empezaban los llamados telefónicos y los mensajes de texto a los trabajadores de los turnos mañana y tarde, para que no vengan a trabajar ese día.
A las 2.30 de la madrugada, la tensión era grande en las carpas de solidaridad que estaban en la puerta, donde los despedidos conviven con sus familiares y desde donde se organizaba la solidaridad. Un despliegue policial pocas veces visto. Los compañeros más viejos recordaban el desalojo de la Ford, en la huelga de 1985.

Sale el turno noche y empieza la batalla contra el desalojo

Una parte de los trabajadores del turno noche salen de la fábrica, y otros se quedan adentro, junto a la comisión interna y los delegados. En la puerta empieza a organizarse la batalla contra el posible desalojo. Comienzan a llegar trabajadores de los otros turnos, familiares de los compañeros, delegados de otras empresas y sectores que acercan su solidaridad.
A las 5 de la mañana comienza a venir el turno que debe ingresar a las 6 y se encuentra con la fábrica y los alrededores militarizados, y con la seguridad privada de la empresa que les informa que hay “asueto”, nombre mentiroso con el que la multinacional disfraza el tercer lock out patronal implementado durante el conflicto.
Los trabajadores piden explicaciones y la seguridad les da un número de teléfono. En él, por supuesto, no atiende nadie.
Una asamblea de trabajadores discute en la puerta las medidas a tomar. Un delegado del turno noche propone “ir a cortar la Panamericana”. Por amplia mayoría, se decide permanecer en la puerta de la empresa, y hacer el “aguante” a la interna, los delegados y los trabajadores que están dentro, rodeados por un monumental operativo policial.
Llegan los medios de TV, de radio y gráficos, que empiezan a trasmitir a todo el país, en directo, la magnitud del operativo policial y la decisión del gobierno nacional y el provincial, de desalojar a los trabajadores.

Kraft-Terrabusi: un verdadero campo de concentración

La planta de Terrabusi, ubicada en el barrio Ricardo Rojas de la localidad de Pacheco, municipio de Tigre, queda enfrente de la actual planta de Volks-wagen y de la fábrica Ford. En esta última, funcionó un campo de concentración en la época de la dictadura, donde estuvieron detenidos por varios meses, delegados y trabajadores de la planta automotriz, perseguidos por la patronal y denunciados por la conducción del sindicato SMATA, encabezada por el eterno burócrata José Rodríguez. Ahora, 33 años después, la avenida Henry Ford y sus accesos se vuelven a parecer a aquella época. Pero ahora no es Videla ni el ministro Harguindeguy el que manda los efectivos. Es la presidenta Cristina Kirchner, es el ministro Aníbal Fernández, es el gobernador Scioli, el que en abierta complicidad con la patronal yanqui y la embajada, cediendo a las presiones de la cámara empresaria y con el silencio traidor de Rodolfo Daer y la conducción del STIA, despliegan una fuerza de choque a los largo de toda la avenida, cubren todos los accesos a la planta y preparan una brutal represión sobre los trabajadores.
La realidad corre el velo de las palabras, y las mentiras sobre los derechos humanos que el matrimonio Kirchner sembró durante años, y que lamentablemente fueron compradas por algunos organismos y también por organizaciones políticas, hoy quedan definitivamente a la luz. De una lado, la embajada yanqui, la empresa Kraft, la burocracia sindical, el gobierno nacional y todas sus fuerzas represivas; y del otro, los trabajadores, su comisión interna y sus delegados, y las organizaciones sociales y políticas que los acompañamos.
Kraft-Terrabusi se trasformó en un verdadero campo de concentración. Rodeada por la caballería y los perros, con infantería y grupos especiales instalados en la puerta principal y en todos los accesos, con todas sus armas apuntando a los trabajadores y a sus familias, la represión estaba preparada.

Desalojaron, golpearon y detu-vieron. No quebraron la lucha

A las 17.30 llega la orden de desalojo. Desde el ministerio del interior le comunican a las patronales de Ford y de Volkswagen que retiren a los trabajadores de sus respectivas plantas y que la zona esté completamente despejada para las 18 horas.
La empresa y las fuerzas represivas les niegan el ingreso a la planta a diputados nacionales, provinciales y organismos de derechos humanos que reclamaban impedir el desalojo. Los trabajadores y sus familias se concentran en el portón de entrada y la tensión crece minuto a minuto.
A las 18.15, los grupos especiales y la infantería, acompañados por la división perros de la bonaerense, atacan a los trabajadores que ocupaban los dos techos de la fábrica. El ruido de los disparos es ensordecedor. Mientras los efectivos rompen vidrios y ganan los techos, disparando, golpeando brutalmente a los trabajadores, a los que patean en el piso y los ponen precintos plásticos como esposas, desde el interior de la fábrica empiezan los disparos y los gases contra los trabajadores y las familias que estaban en la puerta.
Bajo una cortina del humo de los gases, llueven balazos de goma y perdigones de todo tipo. Trabajadores, mujeres, chicos, todos son víctimas de la salvaje represión. Empieza la resistencia desde afuera y entra en escena la caballería. La policía montada ocupa la avenida y golpea salvajemente y empieza a detener a los trabajadores y a sus familias.
Lograron desalojar la fábrica. Golpearon brutalmente a los trabajadores y por más de 10 horas mantuvieron detenidos al interior de la empresa a más de 60 compañeros.
Mostraron de ese modo la verdadera cara del gobierno de los Kirchner y de la patronal yanqui, pero no pudieron quebrar la heroica lucha de los trabajadores de Terrabusi. A las 5 de la mañana del sábado, cuando el último de los compañeros detenidos recobró finalmente su libertad, volvió a escucharse el grito de guerra: “Ya vas a ver, los pibes que vos echaste van a volver. Y sí señor, mirá como entramos todos por el portón…”
A pesar de todo, la pelea seguía en pie.

Carlos Ugarte


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