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El desalojo desde adentro

Relatamos distintas experiencias, vividas por los trabajadores durante el brutal desalojo llevado a cabo por la Bonaerense el viernes 25. Conversamos con Esteban, Oscar, Quique, Germán y Esteban, obreros despedidos que estaban adentro de la planta cuando fueron desalojados.

Germán: El jueves 24 se arma una asamblea en el turno noche. Cuando termina, no pasan más de diez minutos que se empiezan a ir los “líderes”. Esto fue como a la una de la mañana del viernes. La gente del sindicato se va, y ahí nos enteramos por medio de los delegados que iban a dar asueto a las 6 de la mañana y que nos podíamos retirar a las 2. Pero la gente se queda a acompañarnos hasta las 6.
A las 5.30 se hace otra asamblea y se decide que los no despedidos salgan y que los despedidos nos quedemos adentro. Después empieza a venir más policía, caballería, perros y empezamos a escuchar en los noticieros que se iba a venir el desalojo. Eramos 28 trabajadores, incluyendo 5 mujeres. Había un
compañero con una hernia, otro diabético insulino-dependiente, otro asmático, nunca nos imaginamos que iban a entrar de esa manera a golpearnos…

Esteban
: Yo ví que pasó un policía con planos de la fábrica. Nosotros nos pusimos en un lugar visible pensando que si estaban las cámaras de televisión no nos iban a pegar tanto, por eso subimos a la terraza. No queríamos entregar así nomás los más de 30 días de lucha.
Vino el ministerio de trabajo de la provincia con gente de la secretaría de derechos humanos a hablar con nosotros. Y nos dicen que nos teníamos que ir o si no ellos iban a entrar. Les dijimos: “¿Derechos Humanos ahora? ¿Vos sos de Derechos Humanos y venís con la policía, y recién después de 30 días que estuvimos metidos acá adentro? Estábamos privados de la libertad, metidos ahí, no por decisión de nosotros sino porque nos imponían estar ahí”. ¿Cómo íbamos a salir, si sabíamos que no volvíamos más? ¿Cómo les íbamos a regalar 5 años de trabajo y más de 30 días de lucha?
Ellos nos quieren hacer ver como delincuentes, pero nosotros lo único que hacemos es defender nuestro trabajo. La empresa tiene la plata pero nunca va a tener la dignidad de un trabajador. Nosotros le dijimos eso a los funcionarios, que no podía ser que solo les cobren multas porque la empresa tiene millones para pagar las multas. Y yo le decía que estaba peleando por poder darle de comer a mi hija.
Yo estaba un piso más arriba y cuando veo que empiezan a romper los vidrios y a disparar, agarré lo que tenía a mano y se lo tiré a los policías porque ellos entraron directamente a pegar y más a las mujeres. Es mentira que había molotovs: nos defendimos como pudimos. Estos tipos entraron con pistolas, palos, pegando en la cara, en las muñecas, tirándote al suelo y gritándonos “zurdos de mierda, ahora bánquensela”. Uno te ponía la pistola en la cabeza y te empujaba con el fierro. Nos golpeaban
y nosotros tratábamos de resistir. A mi me bajaron cuatro pisos de los pelos y me pusieron unos precintos, y después nos metieron de a dos en unos camiones donde cabía uno. Así nos tuvieron como tres horas y ni siquiera nos daban agua. Ahí se convierte la empresa, lo que es Recursos Humanos, en una comisaría. Empiezan a traer maquinas de escribir, a separarnos, a tomarnos huellas digitales, a tomar fotos y traen un médico que nos miraba así nomás y cuando mostrábamos los golpes nos decía que ya se nos iban a ir.
Hasta ahí estábamos aislados porque nos sacaron los celulares y encima nos robaron plata, zapatillas y el fondo de huelga. Y nos largaron recién a las 4 de la mañana. Después, cuando fuimos saliendo, nos encontramos con nuestros familiares y nuestros compañeros que lloraban por la emoción y por vernos a todos tan lastimados.

Oscar: Nos dijeron que nos iban a dar una prórroga de 5 minutos para que pensemos y salir caminando, pero no nos dieron ni medio. Cuando les pedimos que nos muestren la orden ya nos estaban pegando. Estábamos en el sector de Chocolate, en el segundo piso, y entraron rompiendo los vidrios y nos tiraban balas de goma. A mí me tiraron dos veces de cerca por defender a una compañera que la estaban cagando a palos. Le pegaban a todos, palazos en la cara, te pisaban…
Cuando salimos, nos estaba esperando mucha gente. Familiares, amigos. Estaban preocupados porque nos habían buscado por todas las comisarías pensando que nos habían llevado y no nos encontraban. Además no le daban información a la gente, nada. Lo
que me da mas bronca es que encima la policía me robó las zapatillas y 300 pesos que me habían dado del fondo de huelga.

Quique: Uno cuando se está quebrando recibe el apoyo de la gente y entonces se recupera la fuerza. Hoy pasó una viejita por la puerta del Ministerio y me dijo: “No aflojen, nosotros estamos con ustedes”. Cuando pasa eso, te levanta. Vos lo que estás peleando es tu dignidad.
A mi no me va a tirar abajo que venga un policía y me ponga cara de malo, si yo sé que la pelea es justa y por eso vamos para adelante. Eso es lo único que quería decir.

Esteban: Fue una experiencia terrorífica. La policía ya nos tenía marcados, en mi caso porque era uno de los que siempre filmaba todo y sacaba las fotos. Te das cuenta porque venían de a cinco o seis a pegarte. Era terrible ver cómo le pateaban la cara a una mujer, como a Lili, que le pegan una patada como si estuviera pateando un penal. Yo la quise ayudar y ahí me agarraron, me esposaron y me siguieron pateando.

Esteban: Todos tenemos fuerza, se nota que todos somos guerreros. Incluso las mujeres, que algunos pensamos que eran el sexo débil, demostraron tener a veces más fuerza que los hombres, son súper combativas. Nosotros vivimos honradamente, vivimos el día a día y eso es lo que nos hace fuertes. Creo que el hecho de ser humildes, eso es lo que nos da la fuerza, el apoyo de las organizaciones, de otros trabajadores, eso nos da la fuerza a nosotros. Esto hizo que nos hagamos hermanos de lucha.
La presidenta que tiene el poder es la que da el okey para que vengan y te pateen la cabeza. Ahí te das cuenta de la injusticia. Esta lucha la vamos a ganar porque es parte de la historia.

Entrevistó: María Damasseno


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