Pobreza, despidos, corrupción y FMI…

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La verdadera cara de los Kirchner

El aumento de la desocupación, la desigualdad social, los nuevos acuerdos con el FMI, y la brutal represión a los trabajadores de Kraft, dejan más claro que nunca el verdadero carácter del gobierno de los Kirchner. Con ellos, la situación del país no se aguanta más. ¿Qué salida hace falta?


Sergio García

Desde hace años,
los Kirchner vienen intentando embanderar-se como un gobierno popular y de los derechos humanos. En sus inicios, algunos sectores de la población creyeron ver en el kirchnerismo algo distinto y mejor a los viejos gobiernos y partidos. Con el paso del tiempo millones fueron perdiendo esa expectativa y hoy, la ruptura con el gobierno es enorme, y se acentuó con las últimas medidas y acciones del gobierno. Va cayendo el doble discurso y la falsa pose nacional y popular de los K, porque al compás de la crisis económica sale a la luz un modelo que lejos de distribuir la riqueza aumenta la desigualdad y garantiza las ganancias de los grandes monopolios, las transna-cionales y del sector financiero.

En medio de la crisis ¿Para quién gobiernan los K?

Si algo pone la realidad y las distintas políticas blanco sobre negro, son las crisis profundas. Porque en esas situaciones no hay manera de simular con tibias medidas, porque la propia realidad obliga a definir un rumbo para que alguien pague la crisis. En este sentido, y en el marco de un mundo donde las grandes entidades financieras y organismos internacionales provocaron una crisis de magnitud ¿A quienes ayudan las medidas del gobierno? Veamos algunos ejemplos. Ante el retraso salarial se apoya en la burocracia de la CGT para impedir luchas y pedidos de aumentos. Ante el tema despidos, permite que las grandes empresas sigan provocándolos, como ahora hace Kraft. Ante nuestras riquezas naturales les extiende a las transnacionales la posibilidad de llevarse el petróleo y la minería por muchos años más. Ante el desastre del servicio ferroviario y otros servicios públicos como el agua, el gas o la luz, entrega subsidios millonarios y mensuales a las privatizadas, mientras deja correr tarifazos para la población. A esto, tenemos que agregarle que su última medida internacional es hacia un nuevo acuerdo con el FMI, para que monitoree nuestro país y nos oriente. En el presupuesto 2010 que votó, no hay mejoras para salud, educación ni subsidios para los sectores más pobres. Pero sí hay destinados 2075 millones más que antes para pagar intereses de la deuda externa.
Como puede verse, ninguna de estas medidas favorece a los trabajadores y a los que menos tienen. Y ahí radica el verdadero carácter del gobierno de los Kirchner. Lo demás, son solo palabras y doble discurso. Esto no impide que también denunciemos el rol de la oposición burguesa como el PJ disidente, la UCR y la Coalición Cívica. Todas variantes que ya han gobernado, aplicado recetas liberales y que de volver a gobernar, lo harían para los grandes empresarios y monopolios.

De los derechos humanos a la represión

La larga lucha que durante años protagonizaron diversos organismos de derechos humanos, junto a la izquierda y otras organizaciones sociales por lograr castigo a todos los genocidas y asesinos de la dictadura, fue logrando algunos triunfos y, tras el argentinazo, los Kirchner tomaron en parte esas banderas para mejor ubicarse en la realidad política del país. Durante largos años los K fueron ajenos a este reclamo, por eso hay que tener presente que todo lo alcanzado en esta materia se debe esencialmente a las movilizaciones y luchas de años, y sin olvidar tampoco que queda mucho pendiente, que hay una enorme lentitud en cientos de causas, y que el gobierno es también responsable de esta realidad.
Pero este gobierno, que se dice defensor de los derechos humanos es responsable directo de la más salvaje represión y militarización dentro de una fábrica. Algo que hace décadas no se veía. Todo el país pudo ver la bestialidad represiva acordada por la empresa, la embajada yanqui y el gobierno K. Quisieron darle un quiebre a la lucha de la peor manera posible. No lo lograron, porque la lucha siguió y fue logrando un enorme apoyo social. Pero sí quedó en evidencia que lejos de ser un gobierno de los derechos humanos, el de los Kirchner, ante una lucha profunda, se ubicó del lado de esta empresa monopólica y poniendo las fuerzas represivas del estado a su servicio. Quienes honestamente creían que los Kirchner eran otra cosa, tienen que sacar conclusiones sobre este hecho que no es casual, sino grave, profundo y premeditado.

Otra esencia K: multiplicar sus propias riquezas… y las de sus amigos

Si hay otro aspecto que tira por la borda cualquier análisis que plantee que los K son distintos a la vieja política, es su propia condición social. Así como ya eran una rica familia empresaria al llegar al gobierno nacional, surge con toda claridad que en estos años, se han dedicado a multiplicar en forma escandalosa sus patrimonios. No es un secreto para nadie, que los Kirchner han aumentado en más de veinte veces sus riquezas personales. Pero esto no termina ahí. Todo el entorno presidencial es parte de este accionar propio de la vieja política. Pasó con Jaime cuando era Secretario de Transporte y hoy enfrenta causas judiciales. Es un secreto a voces el rol nefasto de De Vido envuelto en negociados. Y hasta los dos asistentes personales de Cristina Kirchner, están siendo investigados por aumentos escandalosos en sus patrimonios.
En resumidas cuentas, cuando usted escucha a los Kirchner y a sus funcionarios hablar de “distribuir la riqueza” tenga absoluta claridad que detrás hay un gran engaño. Mientras ellos hablan hipócritamente por TV son las familias trabajadoras las que no llegan a fin de mes, son decenas de miles de familia las que no tienen trabajo y en muchas ocasiones ni comida para llevar a la mesa. Repugna escuchar tanta falsedad de los K, cuando la realidad indiscutible del país, es de salarios miserables y pobreza para millones, y cuentas personales que crecen para el gobierno y sus empresarios amigos.

Las leyes, la caja y la centroizquierda

Como un intento de tapar su verdadera esencia, el gobierno envía al parlamento diversas leyes, que presenta como cambios democráticos. Así lo hizo con las jubilaciones, usando el justo odio contra las AFJP para quedarse con la caja y repartirla entre “intendentes amigos”. Cuando era necesario estatizar, pero poniendo todos los recursos bajo el control de los jubilados y otorgando el 82% móvil. Algo similar hizo con Aerolíneas, quebrada y vaciada por Marsans, a quienes el gobierno no les tocó ni un pelo pese al desastre que hicieron. Y ahora avanzó con la ley de medios, bajo una gigante publicidad contra los monopolios como Clarín. No cabe ninguna duda que la vieja ley y los monopolios no pueden seguir. Pero la ley del gobierno no cambia en esencia el poder que grandes grupos privados tienen sobre los medios. La ley que hacía falta, era una que de verdad pusiera las licencias y frecuencias en manos del pueblo, única forma de que haya libertad de expresión y de que millones expresemos nuestra voz.
Como puede verse, cada ley del gobierno trae una trampa detrás, al servicio de su proyecto político. Ante esto, lamentablemente los distintos sectores de la centroizquierda le han dado apoyo, bajo un equivocado argumento de “apoyar lo bueno y criticar lo malo”. Cuando en realidad, cada apoyo que se le da a un gobierno como este, es fortalecerlo para que siga globalmente destruyendo el país y poniendo a millones en la pobreza y la desocupación. Así, cada debate parlamentario, va dejando en claro que ni la oposición de derecha ni la centroizquierda son alternativas. Mientras seguimos apoyando las luchas, hace falta construir otro proyecto político, socialista y de izquierda, que sea oposición de verdad y que tenga propuestas claras y opuestas al gobierno, al régimen y este sistema donde los trabajadores y el pueblo no tenemos nada que ganar.

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Nuestras propuestas ante la crisis del país


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