Martes 10 de noviembre: golpe a la empresa, a la UTA y al gobierno

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Parazo del Subte

Una heroica lucha que sigue hasta lograr el reconocimiento sindical.

Los trabajadores de las 6 líneas del Subte y el Premetro, volvieron a paralizar totalmente sus tareas, esta vez por 24 horas. En los días y horas previas, un gran clima de tensión había ido creciendo bajo tierra. El gobierno nacional había declarado el servicio de subterráneos como un “servicio esencial” y le exigía a la empresa Metrovías que “garantizara los servicios mínimos de la forma que sea”. Al mismo tiempo circulaban versiones de que la patota de la UTA iba a volver a hacerse presente y agredir a los trabajadores, que el gobierno iba a militarizar el Subte, etc.
En la noche del lunes 9 comenzaron a desarrollarse los hechos. A las 22,30 horas, la empresa da asueto a todos los trabajadores del turno noche, repitiendo lo que había hecho la patronal de Kraft-Terrabusi en varias oportunidades previas a la represión. Durante toda la noche, efectivos de la policía y la infantería se apostaron en las cabeceras y se preparaba un escenario de fuerte presencia policial, con el objetivo de que Metrovías pudiera garantizar un diagrama de “servicios mínimos”.

El paro fue total. No trabajo nadie. No anduvo ni un tren

A las 5 de la mañana empezó a verse la verdad. Y era trasmitida en directo por todos los medios. La empresa mostraba sus mentiras y su doble discurso. Un día antes, hablaban de “diagrama de emergencia”, y el mismo martes 10, mandaba policía para no abrir las puertas de acceso a las estaciones. En cada cabecera, en cada taller, en cada línea, los compañeros se hacían presentes con la firme voluntad de garantizar el paro. En los primeros minutos el personal jerárquico movió un par de trenes de pasajeros, pero enseguida dejaron de hacerlo. El paro era total.
En la estación Constitución, los obreros del taller se mezclaban con las compañeras de tráfico y con los de limpieza. Los auxiliares con los boleteros. Y todos juntos gritaban “si este no es el Subte, el Subte donde está”. Y el ya clásico “se va a acabar, se va a acabar, la burocracia sindical”.
Delegaciones solidarias vinieron a traer su apoyo y a hacer el aguante por si venía la patota. Una numerosa delegación de ferroviarios de la Lista Violeta del Mitre y del tren de la Costa. Los metalúrgicos de EMFER y de Bosh, compañeros de FATE, la Junta Interna del Garraham, los compañeros de la UCRA que siempre acompañan al Subte, delegaciones de choferes de varias líneas de colectivos que son opositoras a la conducción de la UTA, mostrando que los verdaderos colectiveros apoyan a los trabajadores del Subte.
Los medios de comunicación mostraban a todo el país que los trenes no circulaban, las estaciones estaban vacías y la totalidad de los trabajadores apoyaban el paro y sus reclamos.
Quedaban demostradas las mentiras de las declaraciones del gobierno y de la empresa que anunciaban un “servicio mínimo”, y las mentiras de la patota de la UTA que siempre declara “que son cuatro zurdos locos que se tiran a las vías”.
Durante todo el día, un canal de cable repitió una y mil veces una escena de un grupo de encapuchados que en la línea B desmontó los asientos de un tren y caminó por las vías. Un verdadero montaje preparado para ocultar una verdad gigantesca: fue un parazo, con una adhesión y participación activa de los trabajadores, exigiendo su nuevo sindicato.

Una solidaridad enorme para una lucha ejemplar

Desde las primeras horas de la mañana comenzaron a llegar comisiones internas, delegados, Madres de Plaza de Mayo, sindicatos y organizaciones sociales y estudiantiles. Delegados de sector y la interna de Kraft, el cuerpo de delegados de TBA, la comisión interna del Hospital Italiano, docentes, estudiantes, organizaciones sociales, traían su apoyo y su solidaridad.
Cerca del mediodía, Néstor Segovia encabezó una conferencia de prensa anunciando que el paro era total en las seis líneas y el Premetro. Una grabación de la empresa pasada cada 10 minutos le daba la razón. En esa conferencia, presentó a un ex -jefe de seguridad de Metrovías, de apellido Cisneros, que explicó al país que la empresa lo había mandado a perseguir y hostigar a Segovia, y a montarle causas en su contra. Salía a la luz, una vez más, la persecución política y gremial que ejerce la empresa sobre Segovia y sobre la lucha que él representa.
Pasaban las horas y el paro ya era un hecho. La ciudad colapsada y no por culpa de los trabajadores. Como decía un cartel pintado por los trabajadores: “Sr. Ministro Tomada: no tome de rehén a los pasajeros. Firme la inscripción del Sindicato del Subte”.
Los telegramas que fue enviando la empresa a los trabajadores y a los delegados, no hicieron más que recalentar un ambiente, que ya estaba muy cargado. Los compañeros recibían llamadas de sus familiares que les leían los telegramas y la bronca no paraba de crecer. Durante varias horas se habló de la posibilidad de extender el paro, de seguirla al otro día.
En horas de la tarde comenzaron las reuniones, las asambleas de los sectores y las deliberaciones. Se juntaron los delegados de las líneas para evaluar como seguir la lucha.

A las 23 hs. se informa que el paro se levanta. Sigue la lucha por el nuevo sindicato.

En las reuniones y en las asambleas se debate, se discute, se escuchan las diferentes propuestas. En todas las líneas hay compañeros que proponen seguir el paro hasta el otro día, levantarlo a las 10 o a las 12 hs. Pero la mayoría de los compañeros ve como un gran triunfo lo que se consiguió. Se desnudó las mentiras y el doble discurso de la empresa y del gobierno. El paro fue contundente en las seis líneas y el Premetro. No anduvo ningún tren. Los pasajeros apoyaron y no bajaron a las estaciones. La patota de la UTA no apareció. Ganamos otro round, de una pelea que sigue. Y hay que prepararse para seguirla.


Carlos Ugarte

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