La burocracia y su modelo en la picota

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Un 2009 al ritmo de las luchas y el nuevo activismo

El 2009 que culmina ha sido un año clave para el movimiento obrero. Pasó la prueba de resistir los efectos de la crisis capitalista y, lejos de colocarse a la defensiva, irrumpió en el centro de la escena nacional desplazando el show mediático de los K. Fue el año en que demostró su fuerza estratégica la clase obrera industrial. El año del activismo combativo y la “zurda loca” y de crisis del viejo modelo sindical. Kraft y el Subte fueron los emblemas que atemorizaron a las patronales, al gobierno y a una burocracia que ya respira el aire viciado del fin de su ciclo político. Se plantean importantes desafíos para los luchadores de cara a un escenario de mayores confrontaciones.


Guillermo Pacagnini Coordinador Corriente Sindical del MST

En la recta final del año pasado se empezó a sentir con fuerza la onda expansiva de la crisis internacional. Las patronales prepararon su famosa “reprogramación productiva” y el gobierno el ajuste en el estado. La huelga de la General Motors fue un indicio que el movimiento presentaría batalla. Pero, más allá de la crisis en las alturas que se profundizó durante el 2009, una suerte de frente común con división de tareas entre empresarios, gobierno y los serviles dirigentes sindicales de siempre, sumaban al objetivo de hacernos pagar la crisis a los trabajadores y el pueblo. No pocos luchadores dudaron y gran parte de la izquierda aseguró que se venía un período de retroceso y peleas defensivas. La realidad demostró que los trabajadores reaccionaron y pasaron al frente y, librando luchas muy duras por cierto, complicaron los planes del establishment, arrinconaron al gobierno y le propinaron un golpe clave en la línea de flotación a la burocracia. Este rol protagónico del movimiento obrero no sólo es fundamental en la coyuntura presente. Sino en la perspectiva de que se produzca un nuevo argentinazo hacia el que va caminando el país empujado por la crisis y que por ello puede dotarse de una combatividad superior al de la rebelión del 2001.

Los trabajadores en el centro de la escena

Los primeros meses fueron de luchas por lugar en los cordones industriales del norte del GBA, sur de Santa Fe y Córdoba. A la par de ellas se reabrió el proceso de empresas recuperadas. General Motors, Paraná Metal, Mahle, IVECO, Volswagen, entre otras inauguraron la resistencia a los despidos. Hasta el SMATA se vio obligado a realizar varias movilizaciones por la presión generada. Y, pese a los intentos oficiales de suprimir el reclamo salarial y postergar las paritarias, se arrancaron sumas fijas y acuerdos salariales en numeros gremios. El propio Ministerio de Trabajo contabilizó medio millón de huelguistas sólo en el primer trimestre del año.
En este período se dio una rebelión docente que abarcó hasta 17 provincias contra el acuerdo firmado por la CTERA y varias luchas estatales y de la salud en diversas provincias. Con la huelga de Río Negro a la cabeza.
Pero luego se incentivó la presión obrera abriéndose una serie de huelgas nacionales por gremio, como los gastronómicos, bancarios, laUOM que protagonizó varios paros después de 14 años con importantes marchas y Sanidad con un paro de 48 hs como no se daba desde los años 80.
Varias luchas provinciales tomaron dinámica de crisis provincial. Sobre todo en el NOA y en particular en la Patagonia con la prolongada huelga petrolera, con piquetes, cortes de ruta y un fuerte activismo. En los estatales empezó la puja por salarios. No sólo por aumentos, sino contra el ajuste provincial que llevó a no pago o desdoblamiento de salarios y/o aguinaldos. Y un proceso de luchas en salud, uno de los sectores estatales más dinámicos con conflictos en más de 10 provincias. La pelea de los autoconvo-cados de Tucumán fue la más importante. Y dos paros nacionales de la FeSProSa. Todas peleas con desborde, fenómenos de auto-organización y movilizaciones masivas. Y los docentes, volvieron al conflicto en en más de 10 provincias. La conflictividad claramente aumentó y había una olla a presión que hostigaba a los K. que intentaban desplegar nuevamente iniciativas para reposicionarse. Los conflictos en general aumentaron casi un 40% respecto al 2008. Y en agosto los paros alcanzaron el récord de 2009: 1,7 millones de trabajadores en conflicto. (Consultora Tendencias Económicas). Terrabusi marcó un salto de calidad en la conflictividad obrera. La combinación de ser una multinacional yanqui, la segunda empresa del país, ser conducida por sectores de izquierda y haber sufrido la represión más explícita y brutal a una huelga obrera por parte de los K., la transformó en un conflicto testigo contra los despidos, para el proceso de nueva dirección y para la izquierda en general que recobró protagonismo. Y también para el conjunto de los sectores explotados que se tonificaron.
Los principales referentes del conjunto de la patronal bramaron en la prensa, evidenciando cómo una ocupación de fábrica puso en cuestión la propiedad privada. Golpeó duro y colocó a la defensiva al gobierno, desnudó el rol de la burocracia de los gordos y Moyano, al imperialismo yanqui que se jugó por su empresa, a la UIA y colocó a la clase obrera en el centro de la escena nacional. Explicitando todo el proceso de luchas que se venía expresando. Se empezó a percibir una sensación de conflicto general, cortes, piquetes y marchas. Y que gobierno y patronales, no sólo pretendían despedir sino descabezar a las direcciones antiburocráticas. Se colocaron nuevamente la izquierda y las direcciones combativas en el centro. Pero fue con el Subte, que logró un primer y gran triunfo en la pelea por el reconocimiento del nuevo sindicato, que se cuestionó como nunca antes el modelo sindical burocrático, uno de los cimientos del viejo régimen y el propio estado capitalista. La frustrada marcha de Moyano y D`Elía contra la “zurda loca”, mostró un punto culminante de la confrontación que demuestra hasta los tuétanos la relación de fuerzas favorable y los nuevos procesos que recorren a la clase trabajadora.

Un año negro para la burocracia y su modelo sindical

Por más que sigan controlando los aparatos sindicales, la burocracia de conjunto está cada vez peor. En particular este ha sido el año de la crisis cegetista, que ha venido teniendo bajo su losa durante décadas a los principales contingentes del movimiento obrero. Por arriba está más dividida que nunca. Reflejando a los distintos sectores empresarios y a su puja producto de la crisis; a la pelea por el botín de las obras sociales y hasta por el encuadramiento de afiliados. Y su crisis es una refracción de la bancarrota del PJ ya sea en su vertiente K. o “disidente”. Cuando murió José Rodríguez, La Nación editorializó que “además de su ciclo biológico estaba llegando al fin su ciclo político”. Que hasta ahora no hayan podido evitar la cárcel de Zanola es más que un símbolo y una consecuencia de su crisis por arriba.
Pero la crisis de la burocracia tiene su explicación fundamental en el odio y la ruptura por la base. Son miles de trabajadores que se rebelan a toda una historia de traiciones y entrega de conquistas.
La CTA no está mejor. Aunque los una la defensa del aparato sindical, se ha ahondado la pelea entre los sectores de Yasky y De Gennaro. Al abrigo de los K. unos y con posiciones críticas los otros, han impedido la coordinación de las luchas estatales que han sido las de mayor tenor en el año y aunque se posicionen para capitalizar la crisis evidente del modelo sindical de las vertientes cegetistas, no plantean uno alternativo y al interior de sus gremios han acentuado las prácticas antidemocráticas desde sus conducciones. Consecuentes con ello, no han jugado ningún rol en las grandes luchas del año, salvo un tibio apoyo al pedido de inscripción gremial del nuevo sindicato del Subte ante el fracaso en obtener la personería propia. Y para legalizar su fomento a varios gremios “paralelos” sin contenido real, con los que muchas veces encubren su decisión política de “no invadir terreno” y no ponerse al servicio de disputar en los gremios de la CGT. División de hacienda, sin dudas.
Pero este ha sido claramente el año del cuestionamiento del modelo sindical. En el reciente acto de Vélez, como en varias demostraciones previas, la “alianza K-Moyano” aparece no sólo es para sostener al gobierno en crisis. Significa una cerrada defensa del viejo modelo sindical. Los fallos de la Corte, primero reconociendo derechos a los delegados no afiliados al gremio con personería y luego haciendo lo propio con los de gremios simplemente inscriptos, reflejan por un lado las grietas profundas en el régimen y reconocen un reclamo que nace en la profundidad de las luchas. Pero así como sinceran el cuestionamiento a un aspecto del viejo modelo, no significan la solución de fondo, habida cuenta que las urgencias de los luchadores no pueden terminar en el pantano de la justicia. El camino es la lucha del Subte. Que con la autodeterminación de sus trabajadores e imponiendo una clara relación de fuerzas construida con mucha pelea, pusieron en la picota al viejo modelo como nunca antes y lograron un triunfo histórico: que el gobierno y la patronal deban ceder reconociendo por primera vez la organización que se dieron. Así hicieron temblar uno de los pilares del modelo burocrático: la regimentación por parte del estado de la organización de los trabajadores. Y colocaron por primera vez por la positiva el modelo por el que hay que luchar. Y la necesidad de derogar la Ley de Asociaciones Sindicales.

El activismo combativo y el proceso de renovación sindical

El masivo activismo joven y radicalizado con la izquierda como una de sus expresiones políticas, que estuvo detrás de centenares de huelgas que se dieron, ha sido el gran protagonista de este 2009 de luchas. y una preocupación estratégica para los K., la oposición patronal y toda la burocracia que los avala. Es la materia prima para alimentar el proceso de recambio sindical que tendrá en el año próximo importantes oportunidades para avanzar. Un activismo que se cuenta por centenares en las grandes luchas, pero que está en la raíz de todas las peleas y que le disputa los cuerpos de delegados e internas a la burocracia de todo pelaje. La consultora SEL ha publicado una estadística que explicita que el 43% de los delegados serían independientes de las conducciones burocráticas. Más allá de la precisión de estos datos, es un hecho que se le ha seguido ganando terreno a la burocracia recuperando organismos de base. El triunfo arrasando a la burocracia en la Línea 60 es sólo una punta de iceberg de casos similares en los gremios estatales, de servicios y en numerosas empresas industriales de la UOM, SMATA y otros gremios. El proceso de organización nacional en profesionales de la salud es de un dinamismo muy importante. Los autoconvocados de Tucumán, son una experiencia a seguir de rebelión y organización por fuera de la burocracia en los estatales. Son avances de este año. Sin dudas la consolidación de la conquista del Subte con sus 82 delegados ahora reconocidos, marca el mayor y más claro ejemplo por la positiva. Pero asimismo, el proceso de recambio sindical tiene muchos claroscuros. La pelea en docentes, el gremio que más luchó en el país y en Latinoamérica y donde más sectores se habían logrado recuperar, con seccionales y sindicatos provinciales, muestra retrocesos y estancamientos que hay que pelear por revertir, como hacemos junto a otros sectores desde la Lista Lila. Si se logra más independencia, democracia sindical e integración proporcional de los distintos sectores representativos, en la práctica cotidiana, en las luchas y también en los estatutos, se va a avanzar. Ser “nueva conducción” no significa ninguna inmunidad per se ante las tremendas presiones sociales y de los enemigos hacia la burocratización. El reaseguro clave es apelar a fondo a la base para combatir toda tendencia a encerrarse en directivas o internas monolíticas y que dejan de reflejar las necesidades de los trabajadores.
Justamente por ello, este año se ha consumado la pérdida de varias seccionales del SUTEBA, luego de un período donde condujeron sectores de izquierda (con PO a la cabeza) que desarrollaron una política aparatista, sectaria y reprodujeron aspectos de los pilares del viejo modelo sindical. La división de la interna de Kraft, responsabilidad del PCR y el PTS, es otra perla negra que ha debilitado a los trabajadores después de tan heroica lucha. No es casual que corrientes como el PO y el PTS, se coloquen ahora en la vereda de enfrente del triunfo del subte. Así como hay que difundir y aplicar las lecciones del Subte, hay que marcar a fuego estos ejemplos negativos, porque surgirán nuevas direcciones al calor de la crisis de la burocracia y sólo se desarrollarán correctamente si se dotan de un programa que apunte a practicar un modelo sindical realmente alternativo y democrático al que viene fomentando la burocracia y que hay que desterrar del movimiento obrero.

Los desafíos que se vienen

Se viene un año de nuevas y mayores confrontaciones por despidos, salario y condiciones de trabajo, contra el ajuste del gobierno y las patronales. Por eso los luchadores y la izquierda tenemos como primer desafío jugarnos a la mayor unidad en su apoyo para que se ganen. Tenemos un segundo desafío: que esas luchas, además de los puntos reivindicati-vos, se doten de un programa más de fondo, que dé salida a los trabajadores, que una su pelea con los desocupados y demás sectores populares y que apunte a un plan de emergencia obrero y popular y un nuevo modelo económico y social de país. Porque, por ejemplo, para que la pelea contra los despidos avance a un triunfo sustentable, debe articularse a la lucha por la prohibición general por ley de despidos y suspensiones y la estatización con control obrero de toda empresa que no cumpla.
En tercer lugar, a caballo de cada una de las luchas, hay que impulsar un nuevo modelo sindical donde los trabajadores decidan, siguiendo el ejemplo del Subte. Para apuntalar y desarrollar a los nuevos activistas y delegados que surgen y maduran desde abajo. En el camino de una nueva dirección democrática y combativa para el movimiento obrero.
En cuarto lugar hay un desafío particular, estratégico, que hace a la dirección política de los trabajadores y el pueblo. Como lo venimos impulsando desde el MST hay que vertebrar una nueva izquierda amplia, unitaria y anticapitalista que postule un nuevo modelo de país, una Argentina Socialista. Convocamos a los luchadores a integrar nuestras filas para construir juntos ese proyecto.


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