Elecciones en Chile

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¿Giro a la derecha?

El resultado electoral chileno abrió un debate sobre las perspectivas. Para nosostros, Piñera continuará la política de la Concertación.

El triunfo del candidato de la Coalición por el Cambio, el multimillonario Sebastian Piñera sobre el candidato de la Concer-tación Eduardo Frei (de la Democracia Cristiana) en las elecciones presidenciales del último domingo, ha sido señalado por muchos medios y analistas políticos como un giro a la derecha. El candidato de la Coalición (alianza entre la UDI y RN), que lleva en sus filas a muchos personajes del pinochetismo, se impuso por un 51,6 % de los votos emitidos contra un 48,3 % de la Concertación (Partido Socialista, Democracia Cristina, Radicales).
Con el triunfo de Piñera y el fin del mandato de la actual presidenta Michelle Bachelet, la Concertación deja el gobierno de Chile después de varios mandatos sucesivos en los últimos 20 años.

La Concertación aplicó el programa de la derecha

Sin embargo plantear que el triunfo de Piñera significa un giro a la derecha implica reconocer que los gobiernos de Bachelet, Lagos o Frei han estado a la izquierda. Nada más falso. La Concertación ha sido la campeona de aplicar un programa neoliberal y de derecha durante estos años. En épocas de crecimiento de la economía chilena, ha ampliado como nunca la brecha entre ricos y pobres y favorecido a los grandes empresarios y multinacionales.
Lo ha hecho sobre la base de la aún vigente Constitución fascista dictada por Pinochet (dado que la reforma de Frei sólo implicó algunos cambios cosméticos), y cohabitando con los sectores que hoy han ganado la presidencia, en el Congreso, en la Corte Suprema, en el Banco Central, en la Contraloría General de la República, en las Fuerzas Armadas, en el Tribunal Constitucional. Por eso en Chile no solo ha aumentado en estos años en forma exponencial la desigualdad social sino que miles de militares genocidas y sus cómplices siguen completamente impunes.
Tanto es así que el propio Piñera prefiere hablar de “cambio dentro de la continuidad”, de “que son anticuadas las distinciones entre derecha e izquierda”, y el gobierno de Bachelet se va felicitado por todos los empresarios y los organismos representantes del Imperialismo (FMI, ONU, BID, OEA, etc.).
No es para menos, durante estos años ha aumentado la concentración del poder económico, las privatizaciones, el sometimiento de la economía chilena a los tratados de Libre Comercio y perdida de soberanía nacional en los convenios de explotación minera, recursos hídricos, de la plataforma marina y los tratados militares y de seguridad hemis-férica con el imperialismo.
Se ha generalizado el trabajo precario sin contrato, los bajos salarios y el desempleo. Solo un pequeño sector de los trabajadores puede acceder a la negociación colectiva y la legislación laboral en lo esencial no ha cambiando desde la Dictadura.
Se ha profundizado el carácter privado de la educación. Lo mismo ha ocurrido en la privatización de la salud, servicios públicos, viviendas sociales, etc.
La criminalización y represión de las luchas, en las cuales el gobierno “socialista” de Bachelet ha recurrido a los carabineros sin temblarle el pulso para reprimir las manifestaciones de protesta de estudiantes, representantes de los pueblos originarios o habitantes de Santiago peleando contra el sistema de transporte.

Las perspectivas

Hay quienes con este triunfo están señalando que se empieza a imponer un giro a la derecha en toda Latinoamérica, fogoneado por un futuro eje entre los gobiernos de Colombia, Perú y Piñera en Chile. No lo vemos así. La realidad de luchas de los pueblos latinoamericanos, nos indica en cambio una intensificación de la pelea contra los planes de los gobiernos capitalistas y el imperialismo. En el propio Chile hay dos elementos para tener en cuenta: la segunda vuelta electoral estuvo precedida por una importante huelga minera y si bien los dos candidatos de derecha Piñera y Frei se alzaron con la mayoría de la votación, la suma de votos nulos y blancos, abstenciones y gente que pudiendo votar no se inscribió en los registros electorales, son más del 40 %, lo cual estaría indicando un repudio a las alternativas que representaban más de los mismo.

Gustavo Giménez


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