Editorial

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La inflación también es ajuste

Se viene la Pascua y hay costumbre de comer pescado. Así como antes nos recomendó comer cerdito afrodisíaco, y poco después con la misma soltura nos aconsejó comer pollo, ahora la presidenta salió a ofrecernos merluza a 12.50 el kilo. “Pescado, ahora para todos”, anunció sonriendo Cristina…
Pero ¡oh sorpresa! hay un pequeño detalle: esa oferta no se consigue por ningún lado, salvo que te hagas varias horas de cola en alguno de los inhallables camiones que designó el gobierno. En realidad, el precio del kilo de merluza ronda los 25 pesos o más. Más que sin vender, parece que esta vez el pescado va a quedar sin comprar.

Lo cierto es que con esta merluza “para todos” pasa lo mismo que con la garrafa social o con los famosos “acuerdos de precios” que suele firmar Guillermo Moreno, el inefable Secretario de Comercio Interior de este gobierno: no existen en las góndolas de los supermercados. Simplemente, son una fábula. Como es otra fábula total la cifra de inflación que mes a mes viene dibujando el INDEC, intervenido desde hace tres años por la patota del mismo Moreno. ¡Ese verso de los Kirchner no se lo cree ni un chico de jardín de infantes!

Porque resulta bastante más fácil para el gobierno nacional mentirle al pueblo sobre temas complejos de la “macroeconomía” internacional, el canje de los bonos de la deuda externa o abrumando con cifras de millones de dólares que cuesta imaginar.
Pero cuando se trata de los precios de los alimentos o productos de primera necesidad, la cuestión te pega directo al bolsillo. Entonces toda la fábula de Cristina y los funcionarios K dura menos que un suspiro. Porque aunque ellos hablen de “reacomodamiento de precios”, es inflación. Y encima no para de crecer.

Para pagar la deuda externa con reservas del Banco Central, Cristina argumenta que la oposición parlamentaria quiere pagarla con plata del presupuesto y eso implica recorte del gasto público, o sea ajuste. Pero esa media verdad esconde una mentira completa.
Si bien la oposición propone un ajuste al estilo ortodoxo, la política de los Kirchner también significa ajuste. ¿O acaso alguien puede creer que la inflación no es ajuste? ¡La inflación es en sí misma un ajuste permanente contra todos los que vivimos de un salario, una jubilación o un plan social! Y el gobierno no la combate de verdad, porque si lo hiciera bajaría su recaudación fiscal y el déficit sería peor.

Veamos cómo funciona el “modelo” financiero de los K. Para solventar el gasto público y pagar ese fraude colosal llamado deuda externa, apelan a las reservas del Banco Central, a cajas como la del ANSES y a emitir moneda. O sea, manotean los dólares y los pesos que precisan pero fogonean la inflación, porque esos números sólo “cierran” recaudando más. Es lo que los economistas llaman impuesto inflacionario. El gobierno cumple así con los usureros internacionales, a costa de reventar el bolsillo popular.
Además, cuanto más bajos sean los ingresos de un hogar, más daño produce el zarpazo inflacionario. Del total de sus gastos, las familias más humildes consumen la mayor proporción en alimentos y bebidas. Y esos precios son los que más subieron. Según el IPEC, el Instituto de Estadísticas de la Provincia de Santa Fe -que la propia Cristina elogió en su discurso del 1º de marzo en el Congreso-, en 2009 los precios de los alimentos aumentaron casi el triple de lo que dice el INDEC: 21.8% contra 8.3%.

Y esto lo podés comprobar vos, nosotros y cualquier persona que en este país simplemente salga a hacer las compras. Si en el verano se disparó el precio de la carne, el lujo de este otoño van a ser la fruta y la verdura. En el último año, el precio del azúcar subió un 30%, el pollo 32%, la leche 44, la acelga 49, el vino común 52, la papa y la naranja del 30 al 40%. El tomate redondo, la lechuga mantecosa, el zucchini y el zapallito, la acelga y la espinaca, el pelón y las ciruelas se encarecieron, en estos últimos días, entre un 10 y un 45%. ¡Es una cosa de locos!
Ya esa suba en los alimentos se devoró más de la mitad de la mejora del ingreso que, en teoría, hizo el gobierno cuando en octubre estableció la asignación de 180 pesos por hijo. Y para este año se estima una inflación del 25 al 30%…

Frente a este ataque, hace falta una doble respuesta. Una es salir a pelear por aumento de salarios en todos los gremios del país, sean de la CGT o la CTA y haya o no paritarias. Los sindicatos de docentes y bancarios, por ejemplo, cerraron acuerdos nacionales de aumento del 23% para todo el año. Los metalúrgicos piden un 25%, y la alimentación y petroleros un 30%. En la provincia de Santa Fe, los docentes, estatales y policías han acordado además una cláusula gatillo anual para equiparar los salarios al ritmo del costo de vida. Es un logro importante, aunque en realidad debería ser trimestral para no perder poder adquisitivo. Junto con eso, proponemos exigir desde abajo que los delegados paritarios sean elegidos por los compañeros o, como mínimo, que los dirigentes no firmen ningún acuerdo salarial sin consultar previamente la opinión de las bases.

Al mismo tiempo que peleamos por una recomposición de emergencia de los salarios -y también de las jubilaciones, pensiones y planes sociales-, desde el MST-Nueva Izquierda consideramos que es necesario exigir medidas más de fondo para combatir de forma efectiva la inflación. Una de esas medidas concretas es la anulación del IVA a todos los productos de la canasta familiar. Eso permitiría rebajar de manera inmediata, en promedio, un 15% dichos precios. Dicho de otro modo, podríamos comprar un 15% más de alimentos por la misma plata.
Otra medida clave es establecer un inmediato congelamiento de los precios de los alimentos y demás artículos de primera necesidad. Y esto se debe acompañar de duras sanciones a aquellas grandes empresas que lo incumplan: disponer su nacionalización bajo el control de los trabajadores y las organizaciones de consumidores. Porque los formadores de precios son justamente esos monopolios, que encima reciben subsidios del Estado que pagamos todos.
Llamamos a luchar por aumento salarial y por medidas antiinflacionarias porque, aunque los Kirchner quieran ocultarlo, la inflación también es ajuste.


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