Podemos recuperar nuestro sistema ferroviario

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Nuestro pueblo tiene asumidas como propias algunas banderas a las que no renuncia. Pese a las traiciones y frustraciones sufridas durante décadas, hoy la consciencia de millones ubica la recuperación del Tren para Todos como una prioridad. El desastre del desguace ocasionado con las privatizaciones y el servicio calamitoso prestado por las concesionarias privadas, hacen de la problemática ferroviaria una discusión estratégica. Recuperar el sistema ferroviario es parte de un conjunto de medidas estructurales para transformar la Argentina hacia un horizonte emancipatorio. El Movimiento Proyecto Sur defiende esta perspectiva como una de sus marcas de identidad política.


Mariano Rosa

La situación actual del sistema ferroviario responde a un plan perfectamente digitado. No se llegó al colapso presente de un día para el otro. Este modelo de ferrocarril es parte integral de un patrón de país, que entre tira y afloja, el imperialismo dominante y sus socios locales fueron imponiendo en Argentina. Se suele señalar a Menem como artífice exclusivo de la entrega. Sin embargo, la realidad es que este personaje fue el que terminó de materializar un intento que se remonta por lo menos al gobierno de Frondizi y el famoso “Plan Larkin”. En concreto, este general yanqui promovió un pool de medidas para el sistema ferroviario que incluía el cierre de ramales, el despido masivo de trabajadores y el desacople de parte de los talleres existentes… Pero, la resistencia obrera pudo más y el objetivo no se terminó de cumplir. Hubo en esta resistencia heroica puntos altos como la pueblada de las mujeres en Laguna Paiva o las huelgas del 60 de casi 50 días con ocupación militar de los lugares de trabajo. Rica historia de lucha la de los ferroviarios de nuestro país. La dictadura genocida de 1976 avanzó en el despido de miles de trabajadores y logró iniciar la tarea que el menemismo completaría.

El golpe de gracia: ramal que para, ramal que cierra

Con la llegada de Menem al poder, se avanzó en la liquidación global del sistema ferroviario como parte del desguace de un modelo de país configurado 40 años antes. Quedó en la memoria la frase que resumiría la política ferroviaria del menemismo, que fue “ramal que para, ramal que cierra”. Con la complicidad de la mayoría del arco político tradicional y la burocracia Verde –del criminal de Pedraza- se desató una brutal ofensiva mediática para instalar la idea de que lo estatal era deficitario y que por lo tanto, había que privatizar. Eran tiempos de ideología primermundista en auge y del “fin de la historia” como dogma. La derrota de la resistencia obrera y el desarme provocado por la capitulación sindical, completan el cuadro de causas que explica la realidad actual. Nuestro sistema ferroviario llegó a dar vida a más de 2 mil ciudades y tuvo en su haber 60 mil propiedades, 220 mil empleados, 3 mil locomotoras, 37 talleres, 60 mil vagones, 44 mil kilómetros de vías, siendo una de las redes más extensas del continente. Este esquema permitía integrar regiones económica, social y culturalmen-te. Por eso, la privatización con su secuela de 90 mil despidos, el desplazamiento migratorio de casi 1 millón de personas y la desarticulación económico-social de medio país, constituye uno de los golpes más tremendos sufridos por nuestro pueblo. Es la expresión más cruda del cipayismo político y la entrega del patrimonio nacional.

Las mentiras K marchan sobre rieles

El doble discurso del kirchnerismo no se privó de incursionar en el área de los ferrocarriles. No es casual. El cambio en la cabeza de millones que pasó a revalorizar el patrimonio nacional entregado después de la dura experiencia privatista neoliberal, hizo que el finado Néstor ubicara en su arsenal de mentiras la cuestión ferroviaria. Desde el 2003, las promesas fueron varias. Vaya un listado para poder discutir con aquellos jóvenes y trabajadores que confusamente apoyan “lo bueno” del modelo K:

1) En un acto en Cruz del Eje en 2003, el ex presidente prometió “recuperar los ferrocarriles, analizar los pliegos y volver a ponerlos en marcha”. Lo único que siguió marchando, fue la transferencia millonaria de subsidios a las concesionarias del ferrocarril

2)Lo mismo planteó, no solamente en referencia a los ramales cerrados, sino además sobre los talleres de Junín, La Plata y Tafí en Tucumán. Nada de esto se cumplió. En Tafí llegaron a trabajar 5800 obreros. Hoy funciona una cooperativa, con no más de 80 trabajadores.

3) En febrero del 2004 anunció la presentación del Plan Nacional de inversiones Ferroviarias (Planifer) que invertiría 300 millones solo en aquel año. Todavía hoy se espera su ejecución.

4) La electrificación del ramal Constitución-La Plata fue anunciada y votada en los últimos 6 presupuestos nacionales. Nada se avanzó en este sentido.

5) Se prometió el soterramiento del Sarmiento… y nada

6) El Tren Bala provocó un escándalo que obligó a “freezar” el tema. Se pretendía invertir 1500 millones de dólares en una obra innecesaria para un país devastado en términos de su sistema ferroviario de carga comercial y transporte de pasajeros.

7) En materia de subsidios y tercerización, se prevé para el 2011 superar los 10 mil millones de pesos. La terce-rización como negocio de las empresas, los funcionarios corruptos y la burocracia sindical, se desmoronan por la fuerza de la lucha de los trabajadores del Roca. Pero, aún persiste en la mayoría de las líneas ferroviarias. Con el dinero transferido a las empresas en concepto de subsidios, se podrían recuperar miles de kilómetros de ramales y relanzar el sistema público (ver “Propuesta…”)
En síntesis: los K profundizaron el modelo ferroviario que, desde Larkin y Frondizi hasta Menem, siempre pretendió instalar en Argentina el imperialismo dominante.

Si se pudo, se puede recuperar un Tren para Todos

No hay ninguna posibilidad de encarar un proceso de emancipación nacional y segunda y definitiva independencia sin empezar trazando un plan global de recuperación de todos los resortes estratégicos de la economía nacional. Estos resortes hoy están total y completamente extranjerizados. Por eso, la tarea de la época pasa por recapturar ese patrimonio y volver a tener bajo control público las empresas clave para el desarrollo nacional. ¿Cómo relanzar la economía del país con una matriz soberana y antiimperialista sin contar con un sistema ferroviario estatal? ¿Cómo reintegrar las economías provinciales devastadas sin reconstruir miles de kilómetros de ramales, sus estaciones, talleres, etc?
Y por supuesto, es indudable que la patriada que se juega en esta pelea no es fácil, ni se va a poder dar sin tres condiciones:

* Movilización política popular.

* Protagonismo del movimiento obrero ferroviario.

* Desarrollo de una fuerza política emancipadora que asuma un programa de transformación social.

La existencia del Movimiento Proyecto Sur y el liderazgo de Pino Solanas son el punto de partida para transitar ese camino. El mundo está atravesado por vientos poderosos de cambio. Nuestro continente viene siendo escenario de profundas movilizaciones revolucionarias antiimperialistas. Nuestro país desde el 2001 espera su turno. Llegó la hora de transformar. Si se pudo, se puede.


Los principales responsables del desmantelamiento: Carlos Menem, José Pedraza, Cristina Kirchner y Hugo Moyano.

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