MST - Movimiento Socialista de los Trabajadores Lunes 27 de Agosto, actualizado hace 4 hs.

Debates Progresismo: ¿cuál es el límite?

Spread the love

Con este artículo apuntamos a abrir un debate con aquellos militantes de distintas organizaciones políticas (Patria Grande, La Dignidad y la Corriente Clasista Combativa, entre otras), que en el afán de desplazar al gobierno de Mauricio Macri apostaron a integrarse en el Frente de Todos. A casi un año de esa decisión política, y con la represión desatada en Guernica, queremos polemizar con una decisión que, para nuestro espacio, carece de horizonte estratégico por la lucha de un país con perspectivas disímiles a las que promovía la gestión de Cambiemos.

Escribe: Nicolás Zuttión

Cerrando casi el primer año del gobierno de Alberto Fernández, las hipótesis que realizamos sobre el carácter de su gobierno antes de que asuma se van confirmando. El corrimiento cada vez más a derecha de parte quienes ganaron las elecciones con el envión de una bronca reinante contra el gobierno macrista, abre discusiones para aquellas organizaciones que optaron formar parte del Frente de Todos como herramienta para combatir al neoliberalismo.
“Dar la pelea desde dentro”, “primero sacar a Macri y después pelear contra los sectores más reaccionarios del PJ”, fueron algunos de los argumentos esgrimidos para validar una táctica que, si se miran las políticas tomadas por el gobierno actual, tuvo un resultado nulo.

La única verdad es la realidad

La forma de evaluar a un gobierno y hacer consideraciones sobre su carácter nos lleva a revisar las medidas tomadas hasta el momento para esbozar una crítica fundada. Pasando revista por el mandato de Alberto nos encontramos que antes de la pandemia, sin previa discusión parlamentaria, realizó un ataque hacia los ingresos de los jubilados que ya habían recibido un golpe previo producto de la reforma macrista. Seguido a esto, ya con la pandemia presente, y con la necesidad de invertir fondos para mejorar la infraestructura hospitalaria nacional, se cerró el acuerdo con los bonistas aumentando desde la primera a la última oferta U$S 16.500 millones, sobre una deuda de carácter espurio y fraudulento que sólo continúa el saqueo.

Volviendo a la crisis desatada por la presencia del coronavirus, el gobierno tampoco afectó los intereses de las clínicas privadas. Nunca se decidió en unificar el sistema de salud en uno de carácter público ni tampoco asegurarles a los trabajadores garantías laborales y salariales a pesar de encontrarse en la primera línea de esta batalla.
Si Santiago Maldonado y Rafael Nahuel fueron los casos emblemáticos con los que el macrismo quiso pisotear los derechos humanos en nuestro país, la desaparición seguida de muerte de Facundo Astudillo Castro es el sinónimo de la gestión de turno. Contrariamente a desarrollar una investigación que vaya contra los responsables del caso, Fernández y Kicillof optaron por resguardar la salud política de Berni y el aparato represivo de la Bonaerense, responsables ambos del crimen institucional llevado a cabo.

Existen más causas que ilustran la valoración del proyecto político que conduce Fernández y secunda Cristina Kirchner. Obvio que no todos van a ser abordados, pero es imposible no aludir a su última acción comparable a la de un mandato de la ex – ministro Patricia Bullrich. Nos referimos a la represión descarada utilizada en Guernica para desalojar miles de familias que no tienen hogar, para resguardar los intereses de una sociedad anónima llamada Bellaco S.A., autoproclamada titular de las tierras, pero con precedentes oscuros que indican que la posesión de las mismas se hizo a través de un negociado con la última dictadura genocida.

Entonces podemos concluir que la lucha al interior del Frente de Todos no dio resultados o, más bien, se demuestra que era la táctica equivocada para ir hacia un proyecto político que resguarde los intereses de la mayoría.

¿Cómo enfrentar a la derecha?

Debates que recorren el mundo y nuestro continente, también se dan a nivel local. Las discusiones acerca de con qué herramientas enfrentar a la derecha, son temas corrientes en el progresismo y la izquierda argentina. Con el transcurrir de este año lo que ha quedado en claro es que el Frente de Todos, por lo dicho anteriormente, no es la salida.
Confrontar con los sectores más concentrados parte de efectuar medidas que supriman los privilegios de las clases dominantes, no cesiones constantes que las envalentonan. En ese sentido es totalmente repudiable el accionar de Alberto con el caso Vicentín. De agitar la estatización, pasó a cederle a una empresa que estafó al Estado embaucando las arcas del Banco Nación.

Otro punto es la alianza con el sector clerical. Como bien dijo Cristina cuando estaba en campaña electoral, el Frente de Todos es un espacio multicolor, de verdes y celestes. Pero queda claro que en esa mezcla el celeste se impone a tal punto que la pelea por el aborto queda totalmente relegada posponiendo indefinidas veces el tratamiento de un derecho que se necesita urgente, ya que los abortos clandestinos son una de las mayores causantes de muertes de mujeres en Argentina.

El remate para demostrar los límites del proyecto de la coalición gobernante se ve en la continuación del sometimiento al imperialismo. La relación con el FMI sigue intacta como si siguiera en el ejecutivo el gobierno anterior. En vez de solucionar la pobreza creciente que ya alcanzó casi un 41%, Fernández y su ministro Guzmán corren tras Kristalina Georgieva para poder llegar a un acuerdo de pago. La primera muestra de voluntad se ve en el presupuesto 2021 de hambre donde se ajusta en salud, educación y asistencia social.

Accionando así el Frente de Todos sólo ha entregado la calle a los banderazos reaccionarios que alienta un sector de Cambiemos. Por eso, queda a la luz que la forma de batallar con la derecha se explicita con voluntad política que afecte sus intereses, por ejemplo, aplicando un verdadero impuesto a las grandes fortunas (y no cajoneando una iniciativa que, para quien escribe, es totalmente insuficiente), además de impulsar la movilización como respaldo de las mismas.

¿Qué hacer?

Entendemos que esa pregunta es la planteada por aquellos que se esperanzaron en dar la batalla al interior del frente que gobierna, para poder ir hacia un rumbo opuesto al actual. Pero la escalada represiva, la intensificación del modelo extractivista, sustanciada en acuerdos como el que se quiere llevar adelante con China para la instalación de mega factorías de cerdos, la profundización del neocolonialismo con el FMI, marcan un límite político que es riesgoso cruzar.

En síntesis, con los elementos enumerados hay suficiente ilustración. Permanecer dentro del proyecto comandado por el binomio de Fernández, es avalar en silencio un plan de gobierno antipopular, de ajuste, que cede al círculo rojo del país, apoyado por la burocracia sindical y la iglesia, pero administrado de forma “políticamente correcta” por el progresismo.

El camino correcto es romper ya con el frente oficialista. Un cambio de orientación para apostar a la unidad de acción con los sectores combativos del sindicalismo, la vanguardia socio-ambiental, las organizaciones feministas y la izquierda organizada en el FIT-Unidad. A aquellos militantes honestos de las organizaciones mencionadas, es que invitamos a una reflexión profunda para dar un giro político que signifique apostar por la pelea de los sectores en lucha por un verdadero cambio de modelo.

Un poco de historia (y memoria)

En los años 70 la tesis de “pelearla desde adentro” o “primero contra el enemigo principal” estaba muy en boga. El Frente Justicialista para la Liberación (FREJULI), si bien era una clara formación de alianza de clases tal como lo es hoy el Frente de Todos, desplegó en la campaña la mística peronista de combatir el capital, hablaba de socialismo nacional y con Perón en vida, Cámpora, los Montoneros y las fracciones de la “izquierda” peronista, lo hicieron atractivo para una mayoría clara de la juventud y franjas de masas que querían cambiar.

Sin embargo, apenas asumido, comenzaron a sucederse medidas que no estaban en el libreto electoral y, por mucho menos que lo que está sucediendo hoy con el gobierno de Fernández, rompieron públicamente muchos sectores. En las narices de Perón, renunciaron todos los diputados pertenecientes a la Juventud Peronista, rechazando una reforma al Código Penal promovida por el propio Jefe del movimiento. Y Ortega Peña, formó un monobloque radicalizado que rompería definitivamente con el PJ de entonces. Ese paso, esa dignidad y ese nuevo rumbo, lo pagó con su vida poco después a manos de la Triple A. A modo de ejemplo y de llamado a la reflexión: la teoría de la contradicción principal, lleva inexorablemente al oportunismo y a las direcciones que la practican a transformarse en partícipes necesarios de políticas antiobreras y antipopulares.

Guillermo Pacagnini