En el año 1995, en plena presidencia de Carlos Menem, el grupo Soldatti, uno de los más grandes empresarios del país, fundaba un tren con sueños de grandeza. Su recorrido sería de 15 km, comenzando en la estación Maipú de Vicente López y terminando en la estación Delta, en Tigre. Con un recorrido por nueve estaciones construídas con mucha plata y diseño europeo.
Su material rodante, infraestructura y comodidades, en nada se parecían a los demás ramales ferroviarios. Los primeros años fueron de auge total. Trenes llenos de ida y vuelta cada 10 minutos, estaciones repletas de turistas extranjeros y nacionales, shows en vivo y restaurantes de lo mejor de zona norte.
Era la época de los subsidios millonarios a los empresarios amigos del gobierno. Era el primer sueño del tren bala y el primer mundo. Todo con la plata del pueblo argentino, para hacer más millonarios a los empresarios corruptos.
Se acaba el sueño y viene la realidad: la destrucción del Tren de la Costa
La debacle del TdC comenzó con el principio del 2000. La crisis se venía y la gente ya no viajaba como antes. Las estaciones en total decadencia y los trenes españoles que no recibían cambios de repuestos ni el mantenimiento adecuado.
En el año 2004 ya no funcionaban la mitad de las unidades, no quedaban locales y los trabajadores recibíamos un Plan Trabajar como aumento salarial. Una clara muestra de que comenzaba una nefasta sociedad entre la dirigencia sindical y el grupo Soldatti, con la complicidad de un estado que seguía regalando subsidios a sus amigos. El gobierno de los Kirchner mantuvo la política de subsidios que llevó al colapso total del sistema ferroviario y a tragedias y masacres como la Once y ahora la de Castelar.
Al día de hoy, nos han vaciado el ferrocarril. De las nueve unidades quedan funcionando solo dos, y en malas condiciones. Los galpones de reparación solo albergan esqueletos de trenes que fueron desguazados para vestir a otros, y los pasajeros cansados del pésimo servicio casi no viajan. Esto fue causado intencional-mente por Soldatti, esperando el salvavidas económico del estado, mientras la dirigencia sindical fue cómplice y castigaba con suspensiones, amenazas, violencia verbal y física a los compañeros de la oposición que denunciábamos los negociados y el fracaso de la gestión privada, y exigíamos la estatización del ferrocarril, con control social de sus trabajadores y usuarios.
Hay que estatizar con control social, todo el sistema ferroviario
El 4 de junio, sorpresivamen-te, el ministro Randazzo anunció la estatización de las empresas ALL (brasilera) y Tren de la Costa. Los compañeros de la lista Violeta que hace años venimos reclamando la estatización del servicio ferroviario, y denunciando el vaciamiento de los mismos, nos alegramos, pero sostenemos que con la estatización del TDC no alcanza. Se necesita sacar a todos los concesionarios privados de nuestros ferrocarriles, para volver a tener nuestros Ferrocarriles Argentinos, con control social.
La única salida real al colapso de nuestro sistema ferroviario es reactivar la industria ferroviaria. Reabrir talleres y producir nuestras propias formaciones y locomotoras, activar la industria pesada y producir rieles y material rodante, capacitar técnicos y crear nuevas fuentes de trabajo. Este plan solo puede ser posible si el estado nacional actúa como garante y controla junto a trabajadores y usuarios que el dinero que se destina a los ferrocarriles sea invertido en los mismos.
El empresario Soldati destruyó el tren y se robó los subsidios. Ahora deja deudas y un servicio pésimo. Por eso hay que expropiarle los bienes y que pague todo lo que se robó. Para que las empresas que se acaban de estatizar vuelvan a ser un transporte público, deben ser parte de una red ferroviaria nacional y estatal.
Necesitamos la reactivación del servicio del TdC con mucha mayor frecuencia y un boleto acorde al bolsillo de los usuarios. Proponemos ensamblar el TdC en la estación Maipú, con el recorrido con la línea Mitre que llega a Retiro, uniendo de esta forma el Delta y la Capital.
Que se forme una comisión de usuarios y trabajadores para controlar que el presupuesto sea invertido en la línea y no destinado a los bolsillos de la burocracia sindical, que fue cómplice de la destrucción del tren.
Y lo más importante de todo, la estatización de todos los ramales del ferrocarril, con control social. Solo así habrá un ferrocarril para el pueblo.
Enzo Sfardini y Estala Dines, dirigentes de la lista VIOLETA del Tren de la Costa
